METROPOLIS
es más que una película; para mi es hablar de una parte
importante del siglo XX, de un salto tecnológico que se refleja
en la ficción. Es hablar de la imaginación de sus creadores,
de un vistazo a un posible futuro. Se me ponen los vellos de punta cada
vez que veo la delicadeza y grandiosidad de esos fotogramas. El origen
del cine, el origen de un género de ciencia ficción, que
además sigue impresionando.

Ayer vi
de nuevo Metrópolis. Pero debería decir que en realidad
la re-descubrí, maravillado, emocionado e impresionado al ver
las nuevas secuencias que se han descubierto de esta película.
Me sentí como un niño que vuelve a oir un cuento recompuesto
que tenía las páginas rotas. Como estaréis pensando,
me refiero a la última edición de Metrópolis. Creo
que es un gran descubrimiento (casi arqueológico) para el cine:
mediados del 2010 se descubrió en una filmoteca de Buenos Aires,
unos viejos rollos que contenían una copia inédita de
este filme. Con secuencias que se creían totalmente perdidas.
Han tenido que pasar casi noventa años para que el público
vea de nuevo una copia semejante a la que se estrenó en 1927
(de 92 minutos, se ha compuesto un nuevo montaje de 123 minutos; desgraciadamente
la versión original tenía alrededor de 150).
Look
Blanco
y negro, cine mudo, un lenguaje narrativo-visual en vías de evolución,
técnicas de efectos especiales muy artesanales, maquetas, trucaje
frente a la cámara... Puedo asegurar que el tiempo ha pasado
muy bien para esta producción. Un resultado aplastantemente genial,
que a día de hoy es creíble y más que válido.
1927; Una
época donde no existía internet, ni ordenadores, ni televisión,
ni avión a rección... me podría hacer una lista
interminable... aparece esta película donde vemos videollamadas
en tiempo real, computadoras, megaciudades, máquinas de energía
alternativa, tráfico urbano aéreo (con hélices
graciosamente, al igual que los coches que si que son de los años
veinte), clonación humana a partir de tejido muerto, programación
de androides (ellos lo llaman el Ser-Máquina, y parece que su
puesta a punto tiene más que ver con esa operación médica
e implantes que con computación).

Creo que
el antecedente más directo en ficción, que existe de un
Ser imitación al humano por creación humana, es Frankenstein,
tanto en cine como en literatura. En este aspecto, es un gran salto
de mentalidad que viene dado por esos primeros años del siglo
XX, que como todos sabemos suponen un cambio radical en la historia.
Me gusta
considerar esta película como un resultado, también, de
la Iª Guerra Mundial. Antes de la gran guerra, existe un sinfín
de películas futuristas (ninguna del valor de Metrópolis
en todos los sentidos) y de novelas de ciencia ficción, que siempre
tienen el punto en común de un positivismo. Un futuro super desarrollado
donde la tecnología ayuda a las personas; tenemos el cine de
Georges Meliés y multitud de versiones de los libros de Julio
Verne (de 1900 a 1920). El elemento general es desarrollo, investigación
y bastante positivismo sobre el mundo futuro.
Tras la
Guerra Mundial (1916-1918), se produce un cambio en la forma de pensar
de las personas. Por primera vez se han visto muchas naciones enfrentadas,
máquinas horribles construídas con el fin de aniquilar
en masa (el tanque, el submarino, el aeroplano... se mejoran y se usan
por primera vez en la historia con el fin de la guerra). Se han visto
morir a los soldados por centenas bajo gases tóxicos. En el cine
y la literatura se puede ver un antes y un después muy claramante.
En este contexto, de una Europa en reconstrucción pero a la vez
convulsa (el propio Fritz Lang huyó de Alemania antes de la IIº
Guerra Mundial), nace Metrópolis. Un futuro lleno de avances
maravillosos (para unos pocos) y también lleno de esclavitud,
odio y pobreza.
El director
tuvo la inspiración del look estético en un viaje a Nueva
York, cuenta que mientras se alejaba en barco, al ver la ciudad por
la noche llena de luces, imaginó como sería en el futuro.
El año en que se desarrolla la historia es el 2026, justo cien
años más de la fecha que se rodó el film. No es
un dato relevante para el argumento, de hecho, el único lugar
donde podemos observar la fecha es en un pequeño calendario robótico
sin importancia y en el periódico de la escena perdida. La ciudad
es una mole gigantesca, con un cierto parecido a las ciudades-estado
de la historia antigua (Egipto, grecia clásica, etc; de hecho
en la zona de los ricos vemos mucha arquitectura griega y estatuas en
el estadio); como decía, ciudad-estado donde toda la ley se concentra
ahí dentro, sin importar lo que ocurra fuera. Esta geografía
fue la antecesora (yo diría calco) de la que presenta la ciudad
de Blade Runner. En la película de Ridley Scott vemos a Los Angeles
igual que Metropolis. Ciudad independiente con tráfico aéreo,
edificios gigantescos, ensombrecidos, combinando gárgolas, estatuas
antiguas y última tecnología. Y en el centro de ambas
ciudades (Metrópolis y Los Angeles de "Blade Runner")
vemos el edificio más importante: Babel / Tyrell Corporation,
donde están las mentes que manejan los hilos. Es más,
casi diría que Metrópolis muestra una complejidad mucho
mayor; a través de esa telaraña de túneles, carreteras
y raíles de tren que están repartidos por la ciudad a
distintas alturas y atravesando edificios.
El
guión
El guión
es una preciosidad que va al ritmo de unas imágenes cuidadas.
El espectador se siente identificado con el joven Freder, hijo del dirigente
de la ciudad. Freder, acostumbrado a una vida de ocio y bienestar, descubre
que existe un submundo lleno de gente que constituyen el motor de la
sociedad de la superfície.
Casi me
puedo imaginar a Georges Orwell, uno de mis autores preferidos, viendo
esta película muchos años después de su estreno,
en la década de los cuarenta. Estoy seguro que que la vio y bebió
mucho de su estilo para crear su gran libro futurista: "1984".
Sin embargo, las diferencias entre "1984" y "Metrópolis"
radican en la pieza motor de ambas historias; si Metrópolis se
centraba en los problemas laborales, la explotación, la semiesclavitud...
el libro de George Orwell se centra más en la brutal dominación
de la mente, los ideales y la sensatez.
Fritz Lang
hace un paralelismo entre las profecías bíblicas del Antiguo
Testamento (la torre de Babel, la espera de un enviado, etc), con los
problemas que la ciudad está teniendo. En ese aspecto, encontramos
una vertiente enigmática por las fuerzas del destino que conducen
el argumento por los mismos pasajes de las viejas historias. Es un choque
estético entre antigüedad remota y tecnología; el
esclavismo de épocas pasadas con el esclavismo del futuro. Aunque
el guión cinematográfico es de Fritz Lang y su esposa
Thea Von Harbou; ésta era la autora de la novela en la que está
basada la película. En dicha historia, Thea crea un choque contra
dos clases sociales: los pobres trabajadores y los ricos. Unos viven
en el inframundo y otros en la superfície, disfrutando de las
últimas tecnologías y el bienestar. Los conceptos son
sencillos y a la vez enrevesados. Aparece pues una lucha de clases marxista
que se ve justificado por la opresión. Pero a medida que avanza
la película, se nos va presentando como un método anti-progresista
y horrible; entonces encontramos rastros de ideología nacionalista
y corporativista en pro del trabajo; la ideología del nacional-socialismo
de la época. Años después, Fritz Lang diría
que no le gustaba esta película por esa razón, sin embargo,
a día de hoy, se sintetiza en un simple (y casi inocente final)
que me recuerda mucho a los cuentos infantiles (en plan "y comieron
perdices todos juntos..."), sin embargo, no deja de ser un final
apoteósicamente bello.
Expresionismo
Como hija
de su tiempo, la película está trabajada con la estética
expresionista. Un movimiento cultural surgido en Alemania que suele
ser entendido como la deformación de la realidad para expresar
de forma más subjetiva la naturaleza y el ser humano, dando primacía
a la expresión de los sentimientos más que a la descripción
objetiva de la realidad. De ese modo no es nada raro ver los espejismos
en Metrópolis (que imagina el protagonista), o las alegorías,
o las siluetas de personas, ciudades que dan a entender muchas cosas
sin tener que detallar la realidad.
Filosóficamente,
el expresionismo se plantea la realidad que hombre percibe, así
que en el arte se refuerza una nueva construcción de la realidad
más de acorde a los sentimientos que se quieren contar que a
una visión general y objetiva.
Brigitte
Helm
Brigitte
es la estrella sin lugar a dudas (humildemente, utilicé su nombre
para un personaje de mi segunda parte
de la Trilogía del muro, en honor a la actriz). La actriz,
contando 18 años, interpretó magistralmente (dentro el
movimiento expresionista que caracterizan estas producciones de cine
mudo) a dos personajes totalmente opuestos: a la dulce y conmovedora
María y a la (cinematograficamente llamada) "falsa María",
que es vil, cruel, perversa y odiosa.
Esta dualidad
de interpretaciones se reflejan exagerada y contundentemente en el rostro
de la actriz; en la buena María vemos un rostro sereno, equilibrado
y estático, sin embargo en la Falsa María vemos cómo
sonríe perversamente, parpadea sin control y arque las cejas
sin coordinación. Me parece que este detalle fue estudiado para
dotar al personaje de ese transfondo robótico y maquinario. También
la gesticulación corporal es exagerada y casi deforme en la Falsa
María; personalmente creo que es para darle ese toque "mecánico"
pero indudablemente es para envilecerla.
Brigitte
Helm es, para mí, un símbolo de los misterios del cine.
Protagonista de unas de las películas más importantes
de la historia; pero sin embargo, con una corta carrera. Brigitte realizó
más de treinta largometrajes de poco éxito en los años
treinta; tuvo la mala suerte de ser presionada por el régimen
nazi, que enturbió las producciones donde estaba trabajando.
Brigitte se retiró rápidamente.
Nueva
edición.
Creo que
es el mejor momento para ver (o volver a ver) este clásico del
cine. El descubrimiento fortuito y asombroso de estas escenas perdidas
noventa años después hacen que la película está
casi completa; se puede ver y entender todo a la perfección (ahora
muchísimo mejor).
Desgraciadamente
las nuevas escenas están en una copia de 16 mm bastante estropeada;
por eso, si adquirís el DVD o Bluray, podréis ver que
han remarcado las escenas nuevas haciéndolas más pequeñas,
así sabemos cuales son y no pierden tanta calidad. De cualquier
manera, estas escenas son un regalo a la vista.
Metropolis,
una película que está considerada como patrimonio de la
humanidad por la UNESCO; una obra de arte en su época y hoy día.
Una historia entretenida y bien contada; y además, una visión
al futuro muy sugerente, acertando en muchas cosas.
Fran
Kapilla.