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Domingo 23 de Marzo, 2008

 

Wolfgang Becker

...Estaba fascinado con la idea de un hijo tratando de salvar la vida de su madre; tratando de salvaguardar todo lo externo con mentiras sobre una Alemania del Este que ya no existía...

 


 


Good Bye Lennin!


 

Good Bye, Lenin!
2003
118 min.
PAÍS Alemania
DIRECTOR Wolfgang Becker
GUIÓN Wolfgang Becker & Bernd Lichtenberg
MÚSICA Yann Tiersen
FOTOGRAFÍA Martin Kukula
REPARTO Daniel Brühl, Katrin Saß, Chulpan Khamatova, Maria Simon, Alexander Beyer, Michael Gwisdek, Burghart Klaussner, Florian Lukas
PRODUCTORA X Filme Creative Pool / ARTE / WDR / Senator Entertainment

Una película muy humana que se convirtió un fenómeno sociológico en su país por el tema nunca retratado con tan buena óptica. Su guión toca varios géneros, siempre teniendo en un hilo la sensibilidad del espectador, sacando pequeñas sonrisas agridulces dentro del panorama desolador de un drama familiar en un país revuelto. Cada vez que veo Good Bye Lennin! me parece un viaje, una mezcla de emocionarse que me sumerjen en la Alemania de los ochenta.
 
El cambio de un país convulsionado que sale de un régimen autoritario para entrar en una modernidad desbordante, tiene toques cómicos, toques nostálgicos conforme a la época anterior, represión y el argumento dramático de la família protagonista. Good Bye Lennin! es el retrato de una época bajo la excusa argumental de una mujer firmemente soviética, que despierta del coma tras la caída del muro de Berlín.
 
 
 

Entre finales de 1989 y principios de 1990, los ciudadanos de la República Democrática de Alemania vivieron en primera persona uno de los acontecimientos políticos más importantes de todo el siglo XX: la caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania, que marcó el principio del fin para todo el bloque comunista. En Good Bye Lenin!, el realizador alemán Wolfgang Becker se fija en la dimensión humana de este trascendental proceso histórico, a través de los ojos de una familia de Berlín Este zarandeada por los cambios que se producen a su alrededor.

La anécdota argumental que sostiene la película es tan simple como efectiva: una mujer alemana, socialista convencida, sufre un infarto al ver cómo detienen a su hijo Álex durante una manifestación a favor de la apertura política de la RDA. Cuando despierta del coma, ocho meses después, el mundo a su alrededor ha cambiado sustancialmente: el muro ha caído, miles de productos occidentales invaden las calles y las tiendas de Berlín Este, incluso su hija ha dejado la carrera de ingeniería para trabajar en un Burger King. Convencido de que su corazón será incapaz de superar tantos cambios, Álex decide ocultarle la verdad a su madre, y construye a su alrededor un microcosmos en el que la Alemania socialista sigue estando viva.

Sin embargo, la Alemania que Álex crea para su madre poco tiene que ver con la realidad de la RDA. Lejos de los excesos autoritarios del régimen comunista y de los desequilibrios y las injusticias del capitalismo, Álex construye en la habitación de su madre una Alemania soñada, en la que la Coca Cola se revela súbitamente como un invento socialista y miles de ciudadanos de la RFA saltan el muro huyendo de la presión de la vida moderna en las sociedades occidentales. Y en torno a este precario refugio comienzan a agruparse muchos de sus amigos y vecinos, no tanto por nostalgia del régimen anterior sino por su incapacidad de aceptar la súbita imposición de los modelos culturales de Levi’s Strauss y McDonald’s, que en cuestión de meses cambiaron por completo el paisaje de Alemania del Este.

Sobre este y otros magníficos equilibrios levanta Wolfgang Becker los muchos logros de Good Bye Lenin!: la acertada combinación entre los elementos cómicos y dramáticos de la historia, el contraste entre la mirada limpia del joven Daniel Brühl y la sabia veteranía de la actriz Katrin Sass, la belleza y la melancolía de la banda sonora compuesta por Yann Tiersen (BSO Amelie). Sobre la música de la peli habría mucho que hablar también, pues dota a la historia de la emoción y el dramatismo perfecto con unos acordes de piano inigualables. El resultado es una película sobresaliente, todo un éxito del cine europeo que ha triunfado en Francia, Italia y Alemania, donde la han visto ya más de seis millones de personas.

Una de las pocas películas que transmite humor y profunda emoción al mismo tiempo y que llena la atmósfera de nostalgia sin caer en absurdos sentimentalismos, y al mismo tiempo te hace pensar sobre la sociedad en la que vivimos y los valores que rigen nuestras vidas.

Es una historia con unas interpretaciones excelentes. El excelente montaje te pone en sincronía con aquella época de cambios, con aquella parte de la historia que hemos vivido y es muy cercana...
¿Que pasaría si un día dejases un país comunista y volvieses a uno capitalista? ¿Si en tu ausencia el Muro de Berlín cayese?
Y sin duda se esconde otra historia: la de amor de un hijo a su madre, que para protegerla construye una realidad a su medida, una burbuja de viejas creencias nostálgicas y utópicas en las que a veces todos se sienten a salvo.

La magistral dirección de Becker consiste en lograr continuas situaciones cómicas en contraste con otras llenas de emoción, y al mismo tiempo, se permite criticar y mostrarnos las taras de ambos sistemas : el capitalista y el comunista. Eso si, con altas dosis de ironía.

Como anécdotas me gustaría destacar varias. Hay cierto momento en que Alex entra a un supermercado y observa a un empleado disfrazado de pollo. Quien conozca las pelis de Becker se dará cuenta que es el mismo personaje de "Por favor, despejen la valla"; en la que el protagonista trabaja de animador en un supermercado, justo en la misma fecha, 1989. También, en dos escenas Dennis lleva una camiseta negra con símbolos verdes, parecidos al código de Matrix. Una posible explicación es que el diseño era una idea del propio Dennis para una película (él era un cineasta novel), y que Matrix, en consecuencia, es socialista como la Coca Cola, según una broma del filme.
 
El edificio que Alex y Dennis utilizan en su informe sobre la Coca Cola es el mismo que Billy Wilder empleó en la película Uno, dos, tres (1961).


* Se presentó en el Festival Internacional de Cine de Berlín de 2003 donde consiguió el premio Ángel Azul a la mejor película europea.
* Ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Valladolid en 2003.
* Consiguió los Premios del Cine Europeo 2003 a mejor película, actor (Daniel Brühl) y guión, así como todos los premios del público (película, actor y actriz, este último por Katrin Saß).

- Fran Kapilla

 

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