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Good Bye, Lenin!
2003
118 min.
PAÍS Alemania
DIRECTOR Wolfgang Becker
GUIÓN Wolfgang Becker & Bernd Lichtenberg
MÚSICA Yann Tiersen
FOTOGRAFÍA Martin Kukula
REPARTO Daniel Brühl, Katrin Saß, Chulpan
Khamatova, Maria Simon, Alexander Beyer, Michael Gwisdek,
Burghart Klaussner, Florian Lukas
PRODUCTORA X Filme Creative Pool / ARTE / WDR / Senator
Entertainment
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Una
película muy humana que se convirtió un fenómeno
sociológico en su país por el tema nunca retratado
con tan buena óptica. Su guión toca varios
géneros, siempre teniendo en un hilo la sensibilidad
del espectador, sacando pequeñas sonrisas agridulces
dentro del panorama desolador de un drama familiar en un
país revuelto. Cada vez que veo Good Bye Lennin!
me parece un viaje, una mezcla de emocionarse que me sumerjen
en la Alemania de los ochenta.
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El
cambio de un país convulsionado que sale de un régimen
autoritario para entrar en una modernidad desbordante, tiene
toques cómicos, toques nostálgicos conforme a
la época anterior, represión y el argumento dramático
de la família protagonista. Good Bye Lennin! es el retrato
de una época bajo la excusa argumental de una mujer firmemente
soviética, que despierta del coma tras la caída
del muro de Berlín.
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Entre
finales de 1989 y principios de 1990, los ciudadanos de la
República Democrática de Alemania vivieron en
primera persona uno de los acontecimientos políticos
más importantes de todo el siglo XX: la caída
del muro de Berlín y la reunificación de Alemania,
que marcó el principio del fin para todo el bloque
comunista. En Good Bye Lenin!, el realizador alemán
Wolfgang Becker se fija en la dimensión humana de este
trascendental proceso histórico, a través de
los ojos de una familia de Berlín Este zarandeada por
los cambios que se producen a su alrededor.
La
anécdota argumental que sostiene la película
es tan simple como efectiva: una mujer alemana, socialista
convencida, sufre un infarto al ver cómo detienen a
su hijo Álex durante una manifestación a favor
de la apertura política de la RDA. Cuando despierta
del coma, ocho meses después, el mundo a su alrededor
ha cambiado sustancialmente: el muro ha caído, miles
de productos occidentales invaden las calles y las tiendas
de Berlín Este, incluso su hija ha dejado la carrera
de ingeniería para trabajar en un Burger King. Convencido
de que su corazón será incapaz de superar tantos
cambios, Álex decide ocultarle la verdad a su madre,
y construye a su alrededor un microcosmos en el que la Alemania
socialista sigue estando viva.
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Sin
embargo, la Alemania que Álex crea para su madre poco
tiene que ver con la realidad de la RDA. Lejos de los excesos
autoritarios del régimen comunista y de los desequilibrios
y las injusticias del capitalismo, Álex construye en
la habitación de su madre una Alemania soñada,
en la que la Coca Cola se revela súbitamente como un
invento socialista y miles de ciudadanos de la RFA saltan
el muro huyendo de la presión de la vida moderna en
las sociedades occidentales. Y en torno a este precario refugio
comienzan a agruparse muchos de sus amigos y vecinos, no tanto
por nostalgia del régimen anterior sino por su incapacidad
de aceptar la súbita imposición de los modelos
culturales de Levis Strauss y McDonalds, que en
cuestión de meses cambiaron por completo el paisaje
de Alemania del Este.
Sobre
este y otros magníficos equilibrios levanta Wolfgang
Becker los muchos logros de Good Bye Lenin!: la acertada combinación
entre los elementos cómicos y dramáticos de
la historia, el contraste entre la mirada limpia del joven
Daniel Brühl y la sabia veteranía de la actriz
Katrin Sass, la belleza y la melancolía de la banda
sonora compuesta por Yann Tiersen (BSO Amelie). Sobre la música
de la peli habría mucho que hablar también,
pues dota a la historia de la emoción y el dramatismo
perfecto con unos acordes de piano inigualables. El resultado
es una película sobresaliente, todo un éxito
del cine europeo que ha triunfado en Francia, Italia y Alemania,
donde la han visto ya más de seis millones de personas.

- Una
de las pocas películas que transmite humor y profunda
emoción al mismo tiempo y que llena la atmósfera
de nostalgia sin caer en absurdos sentimentalismos, y al mismo
tiempo te hace pensar sobre la sociedad en la que vivimos
y los valores que rigen nuestras vidas.
Es
una historia con unas interpretaciones excelentes. El excelente
montaje te pone en sincronía con aquella época
de cambios, con aquella parte de la historia que hemos vivido
y es muy cercana...
¿Que pasaría si un día dejases un país
comunista y volvieses a uno capitalista? ¿Si en tu
ausencia el Muro de Berlín cayese?
Y sin duda se esconde otra historia: la de amor de un hijo
a su madre, que para protegerla construye una realidad a su
medida, una burbuja de viejas creencias nostálgicas
y utópicas en las que a veces todos se sienten a salvo.
La
magistral dirección de Becker consiste en lograr continuas
situaciones cómicas en contraste con otras llenas de
emoción, y al mismo tiempo, se permite criticar y mostrarnos
las taras de ambos sistemas : el capitalista y el comunista.
Eso si, con altas dosis de ironía.
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- Como
anécdotas me gustaría destacar varias. Hay cierto
momento en que Alex entra a un supermercado y observa a un
empleado disfrazado de pollo. Quien conozca las pelis de Becker
se dará cuenta que es el mismo personaje de "Por
favor, despejen la valla"; en la que el protagonista
trabaja de animador en un supermercado, justo en la misma
fecha, 1989. También, en dos escenas Dennis lleva una
camiseta negra con símbolos verdes, parecidos al código
de Matrix. Una posible explicación es que el diseño
era una idea del propio Dennis para una película (él
era un cineasta novel), y que Matrix, en consecuencia, es
socialista como la Coca Cola, según una broma del filme.
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- El
edificio que Alex y Dennis utilizan en su informe sobre la
Coca Cola es el mismo que Billy Wilder empleó en la
película Uno, dos, tres (1961).
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* Se presentó en el Festival Internacional de Cine
de Berlín de 2003 donde consiguió el premio
Ángel Azul a la mejor película europea.
* Ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival
de Cine de Valladolid en 2003.
* Consiguió los Premios del Cine Europeo 2003 a mejor
película, actor (Daniel Brühl) y guión,
así como todos los premios del público (película,
actor y actriz, este último por Katrin Saß).
- Fran Kapilla

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