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Noviembre, 2005

Por Fran Kapilla

El cómic "Flash Gordon" aparece el 7 de enero de 1934 como una tira cómica para el King Features Syndicate (compañía encargada de distribuir tiras cómicas para periódicos, hay que destacar que ha tenido un papel importante en los orígenes del cómic). Así que cada domingo, los lectores podían disfrutar de las aventuras de este neoyorkino atrapado en el planeta Mongo. ¿Atrapado he dicho? Ja permitid que me ría, si hay algo que caracteriza a Flash es el salir victorioso de cualquier situación y fomentar ejércitos rebeldes, todo ello sin despeinarse. Durante los años treinta, las naves espaciales que transportaban a los intrépidos protagonistas de ficción para correr peligrosas y excitantes aventuras en mil mundos diferentes eran de propulsión atómica. El átomo estaba de moda, y el inmenso poder contenido en el mismo parecía ser capaz de impulsar a la humanidad a una edad de oro en la que nuestros limites solo se verían contenidos por nuestra imaginación. La ciencia ficción había pasado de Julio Verne a Flash Gordon.

Alex Raymond

El autor, Alex Raymond, había tenído dotes para el dibujo desde su más tierna infancia, ya que su padre era ingeniero de planos. Sin embargo el primer empleo fue de agente de bolsa en Wall Street, el crack de 1929 se encargó de hacerle cambiar de opinión. Así que se inscribió en la Grand School of Art. Y al iniciarse la década de 1930 empezó a trabajar como "negro" (dibujante no acreditado) para la King Features Syndicate en las series Blondie, de Chic Young, y Tim Tyler's Luck, de Lyman Young. La experiencia adquirida en estas series le permite convertirse a comienzos de 1934 en el dibujante de tres series clásicas de la historia del cómic: Flash Gordon, Jungle Jim y Secret Agent X-9.

La idea inicial de Flash era hacer la competencia a Buck Rogers, sin embargo en poco tiempo lo superó con creces. Empezó a publicarse en los suplementos dominicales de los periódicos, ocupando dos terceras partes de una página, en tanto que la parte superior estaba ocupada por Jungle Jim, su topper, o serie de apoyo. Raymond contó al inicio con la colaboración de su hermano James Raymond, y de Don Moore.

Secret Agent X-9 empezó a publicarse, con guiones del conocido escritor Dashiell Hammett, como tira diaria a partir del 22 de enero de 1934. Hammett abandonó la serie tras poco más de un año, el 20 de abril de 1935, y la serie continúa su camino con guiones de otros autores, incluyendo al propio Raymond. Éste dejó la serie en enero del año siguiente, aunque ésta continuó publicándose durante décadas.

A partir de 1936, Raymond contó con ayuda de Austin Brigss para realizar las historietas de Flash Gordon. Briggs, que a partir de 1940 fue el encargado de dibujar la tira diaria (daily strip) del personaje, sustituyó a Raymond cuando éste fue llamado a filas en abril de 1944. La tira de Jungle Jim quedó en manos del hermano de Alex, James Raymond. Alex estuvo dos años en la marina, y pasó parte del tiempo de su servicio militar en el Pacífico, sirviendo a bordo del portaaviones Gilbert Islands. A su regreso a la vida civil, emprende un nuevo trabajo para King Features Syndicate, que es para algunos su obra más importante, Rip Kirby, de género policiaco. Rip Kirby apareció como tira diaria el 4 de marzo de 1946. La realización de la serie corrió excluisivamente a cargo de Raymond durante varios años, pero en 1952 Fred Dickenson empezó a ocuparse de los guiones.

El 6 de septiembre de 1956 falleció en un accidente de automóvil en Westport, Connecticut, mientras conducía un Corvette en compañía de su amigo Stan Drake, también un conocido dibujante. Drake salvó la vida, pero Alex Raymond murió instantáneamente. Se encontraba en el cenit de su carrera, pues Flash Gordon vendía con más fuerza que nunca.


Los guiones eran obra de Don Moore, editor de revistas de literatura pulp, quien, sin embargo, no aparece acreditado en las tiras. Perteneciente al género conocido como space opera, es una serie de aventuras con un punto de partida bastante delirante: Flash Gordon, un famoso jugador de polo, y Dale Arden, futura novia del héroe, se lanzan en paracaídas cuando el avión en que viajaban se estrella contra un meteorito. Caen cerca del lugar donde el científico Hans Zarkov prepara sus planes para desviar la trayectoria de un meteorito mayor que va a chocar contra la Tierra. El plan consiste nada menos que en lanzar un cohete contra el meteorito. En ese cohete viajan él mismo, Dale Arden y Flash Gordon. Como resultado, y sin ninguna explicación del guionista, van a parar al planeta Mongo, futuro escenario de sus aventuras.

A pesar de lo absurdo del planteamiento inicial, las aventuras de Flash y sus amigos en el planeta Mongo, y sus combates contra el malvado Ming en unos extraños escenarios, en parte futuristas, en parte inspirados en antiguas civilizaciones, tuvieron un gran éxito. Cuando Raymond abandonó la serie, ésta fue continuada por Austin Briggs. Con el tiempo, Flash Gordon llegaría a convertirse en uno de los más importantes iconos de la cultura popular, conociendo adaptaciones a diferentes medios, como el cine y la televisión.

El trabajo de Raymond en Flash Gordon constituye, desde el punto de vista gráfico, una de las obras clásicas del cómic norteamericano. Sobre todo a partir de 1935, cuando Raymond abandona la otra serie que le ocupaba, Secret Agent X-9, las historias de Flash Gordon adquieren un tono épico y en los dibujos de Raymond cobra creciente protagonismo la figura humana. En 1938 el dibujante decide incluso prescindir de los bocadillos o globos de diálogo -como se hacía en otras series de aventuras, como Príncipe Valiente, de Harold Foster- para no estorbar la estructuración plástica de la viñeta.

Tras la II Guerra Mundial algo había cambiado ostensiblemente en los Estados Unidos y en el mundo. Los héroes del comic habían vuelto humanizados de la contienda, trocándose así en maduros y melancólicos herederos de hermanos del mismo padre (caso de Steve Canyon respecto a Terry y los piratas o Rip Kirby hacia Jungle Jim o Flash Gordon), sombras acomodadas de los justicieros que pretendían ser en los años treinta (Superman, Batman, El Hombre Enmascarado), valerosos y optimistas americanitos buenos en una Europa o un Asia reconstruida a golpe de improvisación tras la guerra (Johnny Hazard), o detectives más asentados en el mundo real, lejos ya las exageradas persecuciones y los tiroteos de otros tiempos (X-9 agente secreto, ahora llamado por su apellido Corrigan; Kerry Drake). Si antes de la guerra los héroes de los medios consideraban al mundo como algo exótico y explorable, el regreso vencedor a casa demostraría que estaban ya saciados de exotismo. El realismo se había impuesto en el cine, en la literatura, y en los comics.


Algo más tardío en su inmersión en ambientes menos desaforados, Flash Gordon habría de ver, tras la marcha de su creador gráfico Alex Raymond al cuerpo de marines y su retorno a la vida civil como autor de otra serie diametralmente opuesta a la space opera que el rubio héroe del espacio encarnaba, cómo los sucesivos herederos del gran Raymond (Austin Briggs y Mac Raboy) convertían sus andanzas en un tropel de repeticiones sin ton ni son, el encontronazo aventura tras aventura con casquivanas reinas de países exóticos que beberían los vientos por el héroe, con el consiguiente rechazo y final feliz (casi siempre había de por medio un apuesto capitán o un príncipe de sangre azul para recoger las migajas y las féminas en desabillé que el recto Flash dejaba en el camino), y la vuelta a los brazos de la paciente (y en ocasiones insufrible) Dale Arden. Y entonces llegó Dan Barry.

Mac Raboy se encargaba de las páginas dominicales del personaje, siguiendo los repetitivos guiones de Don Moore, y Barry, al principio en solitario y luego auxiliado por genios de la talla de Harvey Kurtzman o Harry Harrison en los guiones y ayudantes de lujo como Frank Frazetta o Jack Davis en los dibujos (hasta que la estética dominante fuera la de Bob Fujitani ya a mediados de los sesenta, fecha donde ciframos arbitrariamente el final del interés de esta etapa del personaje), pasaría a contar las tiras diarias, que habían desparecido del mercado cuando Austin Briggs "ascendió" de división y se ocupó de las dominicales al marchar Raymond a la guerra. Si hasta entonces la serie se había caracterizado por una ciencia-ficción muy light, aventuras centroeuropeas sublimadas en entornos extraterrestres, bellos cuerpos masculinos y femeninos en tensión o reposo atléticos, vestuarios más o menos sensuales y la absurda y divertida alternancia de pistolas de rayos con floretes, el correr de los tiempos crea por fin un personaje de ciencia-ficción puro, donde durante muchos años se eluden o trastocan los que fueran puntos de referencia originales de la serie, llevando por fin al personaje al futuro tal como se imaginaba en la década de los cincuenta. No es de extraño que el inicio de la tira, con el despegue de un cohete en cuenta atrás en medio del invierno y su alusión al calor que éste desprende haya querido verse como un homenaje a Ray Bradbury y su "verano del cohete", homenaje que se repetiría, muchos años más tarde, con la visión de un Marte fantasmagórico poblado de canales resecos y con los espectros de sus habitantes recorriendo como sombras de langostas los espejos.

Flash ya no es el héroe estatuario de Alex Raymond, sino un personaje más humano y realista (que, en ocasiones, remite al físico de actores como William Holden o Kirk Douglas), dueño de una voluntad de hierro y una moral a toda prueba. En los años cincuenta, Flash se convierte por fin en un ser humano que es herido y sufre, que se las ve y se las desea para vencer a sus enemigos o, durante mucho tiempo, vagará como alma en pena porque Dale Arden va a casarse con otro hombre. El Flash Gordon de una década anterior no habría pasado, como éste, tantas semanas con un ojo a la funerala tras la paliza recibida en la lucha contra un reyezuelo extraterrestre, los seguidores de Barry gustan de ese encanto de aventuras espaciales en plan cine pulp de los cincuenta. Esta época tiene como parangón toda la revolución científica y cosmonauta. Hay aventuras que se basan en la exploración del espacio, en los experimentos del doctor Zarkov para ayudar a alguna civilización lejana; y cómo no el resurgimiento esporádico de Ming que prepara su gran venganza.



Cine y televisión


A finales de los año 30 se realizó una serie de películas sobre el personaje.

-Flash Gordon: Frederick Stephani y Ray Taylor (1936)

-Flash Gordon's Trip to Mars (continuación de la anterior): Ford Beebe y Robert F. Hill (1938)

-Flash Gordon Conquers the Universe (una nueva secuela) : Ford Beebe y Ray Taylor (1940)

-En 1980 se realizó una adaptación para el cine titulada Flash Gordon. Fue dirigida por Mike Hodges y contaba con Sam J. Jones como Flash, Melody Anderson interprentando a Dale Arden, Topol como el Dr. Zarkov, Max Von Sydow como Ming, Timothy Dalton como el Príncipe Barin y Ornella Muti como Aura. La película es más conocida por su banda sonora compuesta e interpretada por el grupo musical Queen (que suena en esta web algunos segundos). La película no tuvo demasiada repercursión en la taquilla ya que se comparaba a la reciente Star Wars, sin embargo está dentro del cine pulp de "culto".

-En 1982, Gwen Wetzler, realizó también una producción para tv Flash Gordon: The Greatest Adventure of All


-En 1996 Hearst Entertainment realizó una serie de dibujos animados para la televisión.

-En 2004 el director Stephen Sommers adquirió los derechos cinematográficos del personaje, así que podemos echarnos a temblar por si hace un vodrio igual que tantas y tantas películas o series de naves que vienen haciéndose desde que existen los efectos por ordenador.

 

Y para despedirme me quedo con las frases finales de la peli de Mike Hodges para definir el estilo del héroe: "Quedaos a vivir aquí, en Mongo." "No, prefiero Nueva York, esto es demasiado aburrido."

 

Fran Kapilla.com (c) 2005-2008

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