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Coincidencia maravillosa
Prólogo de "Espartaco"

 

A veces parece que las coincidencias asustan y me explico... El lunes puse en facebook que iba a ver la película de "Espartaco" porque acababa de comprarme la edición de coleccionista, la encontré de casualidad en una tienda y me atrajo, la compré. Le hice una foto a la portada y anuncié que la iba a ver en el proyector a buena calidad. A mitad de semana vi el filme, fue una tarde fabulosa, con el sonido envolvente y la pantalla de dos metros. La disfruté muchísimo, incluso con palomitas y un pequeño vídeo del momento "yo soy Espartaco..." que compartí en Instagram. Todo eso lo compartí en las redes, al principio me parecía divertido, luego me parecía algo memorable de compartir. Comprobé que este título clásico lo tenía algo olvidado, creo que la vi diez o doce años antes.

Bueno, pues os cuento la casualidad, esta misma semana (el sábado) he ido a tirar la basura y veo alrededor del contenedor algunos libros viejos, uno de ellos tenía la portada rota y sólo se veía medio dibujo de una espada. Lo cojo, las páginas amarillas, hojas sueltas. Al abrirlo pone: "Espartaco" Howard Fast, Edición 1960. Resulta que es el libro en el que se basa el largometraje y pienso "jolin, qué coincidencia que esta semana me he comprado el dvd y la he visto y ahora encuentro tirado el libro que ni siquiera sabía que estaba basado en una novela". Me he llevado el libro a casa (creo que le faltan páginas) pero lo que más me ha llamado la atención es el prólogo del autor. Si antes me parecía una historia fabulosa, ahora, sabiendo algo más de su autor y sus duras condiciones, me parece que es una señal de algo maravilloso. He copiado el prólogo completo y os lo comparto porque merece la pena leerlo:

 

(Howard Fast, prólogo del libro Espartaco)


Cuando me senté a iniciar la larga y dura tarea de escribir la primera versión de Espartaco hace de eso ya cuarenta años, acababa de salir de prisión. Había estado trabajando mentalmente en algunos aspectos de la novela mientras me hallaba en la cárcel, que fue un escenario idóneo para tal labor. Mi delito había sido negarme a entregar al Comité de Actividades Antiamericanas una lista de los miembros de la organización denominada Joint Antifascist Refugee Comittee (Comité de Ayuda a los Refugiados Antifascistas).

Con la victoria de Francisco Franco sobre la República Española legalmente constituida, miles de soldados republicanos, defensores de la República y sus familias habían cruzado los Pirineos para dirigirse a Francia, y buena parte de ellos se habían establecido en Toulouse, muchos de ellos enfermos o heridos. Su situación era ttalmente desesperada. Un grupo de antifascistas recaudó dinero para comprar un antiguo convento y convertirlo en un hospital, y los cuáqueros aceptaron trabajar en ese hospital salvando cientos de vidas si nosotros conseguíamos el dinero para mantenerlo en funcionamiento. En esa época había un impresionante apoyo a la causa de la España republicana entre la gente de buena voluntad, y entre la que se contaban muchos ciudadanos conocidos. Fue la lista de estas personas la que nosotros nos negamos a entregar al Comité, y en consecuencia todos los miembros de nuestro grupo fueron considerados culpables de desacato y enviados a prisión.

Fueron malos tiempos, los peores tiempos que yo y mi querida esposa hemos vivido jamás. Nuestro país se parecía más que nunca en su historia a un estado policial. J. Edgar Hoover, el director del FBI, desempeñó el papel de un mezquino dictador. El miedo a Hoover y su archivo de miles de liberales impregnó el país. Nadie se atrevió a pronunciarse o a levantar su voz contra nuestro encarcelamiento. Como he dicho en alguna ocasión, no era el peor momento para escribir un libro como Espartaco.

Cuando concluí el manuscrito se lo envié a Angus Cameron, por entonces mi editor en
Little, Brown and Company. Le entusiasmó la novela y escribió que para él sería un placer y un orgullo editarla, pero J. Edgar Hoover envió una carta a Little, Brown and Company advirtiéndoles de que no deberían publicar el libro, y después de eso el original pasó por las manos de otros siete conocidos editores. Todos ellos se negaron a publicarla. El último de estos siete fue Doubleday, y tras una reunión del comité editorial, George Hecht, jefe de la cadena de librerías de Doubleday, salió de la sala enfadado y disgustado, me llamó por teléfono y me dijo que nunca hasta entonces había asistido a un acto de cobardía tal en Doubleday, y me aseguró que si publicaba el libro por mi cuenta me haría un pedido de seiscientos ejemplares. Yo nunca había publicado una obra por mi cuenta, pero encontré apoyo en los medios liberales y llevé adelante el proyecto con el escaso dinero que nos proporcionaban nuestros empleos regulares; y de algún modo el libro al fin vio la luz.

Para mi sorpresa, se vendieron más de cuarenta mil ejemplares de la obra en tapa dura, y varios millones más unos años más tarde cuando el clima de terror se hubo disipado. Fue traducida a 56 lenguas y, finalmente, diez años después de haber sido escrita, Kirk Douglas convenció a los estudios Universal para que rodara una adaptación cinematográfica.

Pasados los años, esa película se ha hecho extraordinariamente famosa, y aún puede verse en el momento en que escribo estas líneas. Supongo que algo le debo a ese período que pasé entre rejas. A una lucha constante por seguir creyendo en ideales dignos. La guerra y la prisión son temas difíciles de tratar para un escritor que no ha tenido experiencia directa de ellas.

Este libro está dedicado a mi hija, Rachel, y a mi hijo, Jonathan. Es una historia sobre hombres y mujeres valientes que vivieron hace mucho tiempo, pero cuyos nombres nunca han sido olvidados. Los héroes de esta historia albergaron el ideal humano de la libertad y la dignidad del hombre y vivieron noble y honradamente. Lo he escrito para, que aquellos que lo lean “mis hijos y los hijos de otros“ adquieran gracias a él fortaleza para afrontar nuestro turbulento futuro y puedan luchar contra la opresión y la injusticia, de modo que el sueño de Espartaco llegue a ser posible en nuestro tiempo.

H.Fast. 1951"

Pues ahí lo dejo escrito... ¡como comprenderéis me ha emocionado encontrar en la calle el libro de tan magnánima película y leer este prólogo tan maravilloso! Sentí de alguna manera, que ese prólogo, esas palabras estaban ahí esperándome, como si el autor me enviase un mensaje a través del tiempo, lo vuelvo a repetir: en la misma semana me da por comprarme el DVD edición especial, verlo, disfrutarlo en su plenitud y antes de finalizar la semana, encontrar en la calle el libro con estas palabras. 

Espero que ahora cada vez que alguien vea esta película sepa que no sólo es un buen guión sino una novela dedicada a la búsqueda de la justicia y la libertad; una novela que nació debido al pasado del autor, que tiene mucho que ver con los momentos más negros de España; una historia que no sólo es la de Espartaco sino quizá la de aquellos republicanos que huían en masa igual que los esclavos huían de los romanos; una novela de un autor que, estando encarcelado sintió la necesidad de dar vida al ideal de libertad a través de la figura clásica de Espartaco. Empiezo a leerlo a partir de mañana. ¡Gracias Howard Fast!

  

 
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