Principal > Reflexiones > Los duelistas
Jueves 20 de Marzo, 2008

He respondido a tus llamamientos durante años, me he sometido a tus mandatos de batirnos. Desde hoy sométete tú al mío...

 

-¿Te puedo hacer una pregunta para la historia? ¿Cual fue el motivo del duelo?

-Una reyerta entre caballeros.

 

 

 

El trailer original de 1977:


Los duelistas

Los duelistas; la ópera prima de Ridley Scott, una auténtica maravilla visual. Una gozada de película, entretenida, con un ritmo tranquilo pero a la vez llena de tensión, fresca y renovadora de la temática histórica... No tengo más palabras para alabar esta obra, que junto con Blade Runner, creo que es el mejor trabajo del director.


Dirección Ridley Scott
Fotografía Frank Tidy
Guión Gerald Vaughan-Hughes (de la novela de Joseph Conrad)

Música Howard Blake

Reparto Keith Carradine, Harvey Keitel, Edward Fox, Albert Finney, Cristina Raines, Robert Stephens, Tom Conti, Diana Quick, John McEnery.
País(es) EEUU; 1977; 101 min.

Premio Cannes 1977 (Mejor opera prima)

Los Duelistas está basada en la obra El Duelo de Joseph Conrad, por cierto autor inspirador de muchas otras grandes obras cinematográficas. La película ganó el premio de Mejor Opera Prima del festival de Cannes de ese año.

La historia se centra a principios del siglo XIX en Francia durante las guerras napoleónicas, donde los dos protagonistas, miembros del ejercito francés, D’Hubert (Keith Carradine) y Feraud (Harvey Keitel), comienzan una rivalidad absurda por un motivo no muy claro y la continuan por uno aun menos claro durante 15 años. D’Hubert es enviado a detener a Feraud por matar en duelo a un importante aristócrata, y Feraud le molesta enormente. El caso es que éste acaba retando en duelo a D’Hubert y aquí comienza la sucesión de duelos que acontecerá a lo largo de los años, donde los escenarios y personajes cambian pero no la bravuconería de Feraud y la “caballerosidad” de D’Hubert en aceptar los duelos del primero. Una bella lucha entre dos mundos antagónicos, el reflexivo pero pasivo, representado por D’Hubert, y el impulsivo pero activo Feraud.

Sin embargo, lo que más me ha interesado de esta película, más incluso que la interesante y absorbente historia, ha sido la plasticidad y belleza de la película. La camara de Ridley Scott en exteriores capta todos los matices de la campiña francesa y te sumerge en ese periodo histórico perfectamente. La recreación del la aventura de Napoleón en Rusia es simplemente genial, con los soldados congelados y las congelaciones faciales, que son como autenticas quemaduras. Sin duda una autentica joya estética.

Las escenas en interior son también como cuadros de Vermeer, con iluminación natural, al menos da esa sensación. Ridley Scott es sobre todo un estupendo fotógrafo de cine, que consigue arropar con un cuidadísimo envoltorio visual hasta sus peores obras. Y es que a veces parece mentira que este buen señor que nos regaló “Alien” sea el mismo que nos ha hecho tragar tantos tostones de un interés más que discutible. Las películas de Ridley Scott entran sobre todo por los ojos, y en el caso de “Los duelistas” consigue verdaderos cuadros que hacen que merezca la pena.

También habría que destacar en este caso el trabajo de dirección de actores. La película se centra en la extraña relación que se establece entre sus dos protagonistas, y ambos consiguen una caracterización convincente a pesar de que su proceder escapa muchas veces de toda lógica. Igual que el comportamiento de la gente real, todo hay que decirlo. El personaje encarnado por Keitel, especialmente, no se aviene a razones. Es un abusón brutal y despiadado cuyo odio por el enemigo que se ha fabricado es del todo desproporcionado y se convierte en una obsesión que sobrepasa ampliamente el umbral de lo enfermizo. Su particular sentido del honor, que no admite que la más mínima ofensa quede sin ser dúramente castigada se enfrenta a la ética de Keith Carradine, quien le otorga al honor un significado totalmente distinto.

 

Para uno, el honor se defiende con violencia, la razón la da un puñetazo en la mesa y las discusiones se zanjan con sangre. El otro se verá obligado a su pesar a seguir esta lógica dictada por el sable y la pistola, empujado no sólo por su oponente sino también por todo su entorno. Los únicos personajes realmente ajenos a este absurdo son los femeninos, cuyo peso en la historia no es capaz de cambiar los acontecimientos.

“Los duelistas” omite cualquier tipo de explicación sobre el contexto histórico en el que se desarrolla, dando por supuesto que el espectador tiene al menos unas mínimas nociones de esta época convulsa. Unos someros conocimientos del tema no sólo ayudarán a apreciar mejor el telón de fondo, y podrán ser además aprovechados para jugar al Risk con mayor intensidad. La narración a veces avanza a grandes y pesadas zancadas, siendo éste el punto más flojo de la película.

También quiero hacer incapié en la banda sonora de Howard Blake, que me encanta, muy acertada y con gran belleza. Consta de partes militares, marchas de tambores, también de partes sinfónicas de una melodía principal que se va repitiendo, a base de una tenue flauta en los momentos más melancólicos.

 

La novela.

Joseph Conrad, un novelista británico de origen polaco (no aprendió el inglés hasta los 20 años y hasta los 30 no decidió ser escritor), abondonó Polonia con 16 años y se trasladó a Marsella, donde se enroló en la marina mercante francesa. Vivió una vida aventurera, viéndose envuelto en el tráfico de armas y las conspiraciones políticas. Luchó en España durante las guerras carlistas, junto a las tropas de Don Carlos.

Toda esa vida aventurera se trasladó a sus escritos. Sus novelas, que narran generalmente aventuras de la vida marina, sedujeron al público inglés no sólo por la novedad del tema, sino por la maestría en la narración y en el uso del lenguaje. Escribió 13 novelas, 2 libros de memorias y 28 relatos cortos (entre los cuales se encuentra El duelo). Para Conrad la aventura era ante todo una odisea interior, una trágica proyección del hombre perdido en el misterio de un mundo inescrutable en una búsqueda desesperada del ser, que lo coloca, generalmente, ante la muerte y la frustración.

Recomiendo enormemente leer el relato de "Los duelistas"; que al igual que la peli narra la historia de dos oficiales de caballería del ejército de Napoleón que están violentamente enfrentados. Es un relato corto asombroso, donde hace gala de su técnica narrativa basada en la habilidad de las interrupciones en el discurso cronológico.

 

El honor por encima de todas las cosas.

El conflicto que ambos protagonistas tienen, nace de un pequeño incidente. Sin embargo alcanza proporciones insospechadas en la vida de ambos hombres durante un periodo de 15 años.

El teniente Armand D’Hubert, es enviado por el general de su regimiento a advertir al teniente Gabriel Feraud que no debe batirse en duelo con civiles, hecho que causa malestar entre los mandos franceses. La advertencia no se produce en el lugar más adecuado (el salón de una dama) por lo que lo deja en una posición poco digna ante el resto de los presentes.

Basándose en el código de honor de los húsares, Feraud no se lo perdonará jamás. Con los años la obsesión belicosa de Feraud se traspasa a D’Hubert, alimentando aún más su conflicto con su corrosivo rencor. Entre ellos advierten la rara sensación que se necesitan mútuamente. el guión llega a adquirir tintes legendarios, y convierte sutilmente a ambos duelistas en dos artistas dementes, practicantes eternos de duelos inacabados.

Su enemistad prevalece a pesar de la participación de ambos en la campaña de Rusia, un sinfín de aventuras por toda Europa que no hace más que juntarles en duelos. La historia del primer duelo en sí misma es casi anecdótica, es una anécdota elevada a la categoría de drama, y que si no fuera por la habilidad del guión -aparte de la ambientación, el elenco- hubiera quedado en lo trivial.

Es inevitable pensar en Barry Lyndon en cuanto a decorados, vestuarios y el tema del honor. El propio Ridley Scott confesó que Barry Lyndon le había inspirado.

 

El plano final (no leer sin ver la peli).

Si hay algo que pasará a la historia del cine y que personalmente me parece sublime (me voy hacer un poster con un fotograma) es el plano final de la película. Un plano rodado mil y una vez hasta dar con él. Supongo que habrán esperado al día perfecto, a la hora perfecta haciendo muchas tomas.

Keitel sube una colina, destrozado por dentro, amargado y derrotado. Por primera vez en su vida se para a mirar un paisaje; esta vez sin ardor belicoso, sin la pasión del duelista. En ese momento, la cámara se situa tras él poco a poco, mostrándonos una profundidad de plano en que vemos cada detalle del bosque, río, montañas, etc. El plano se alarga muchos segundos, ayudado por una banda sonora que pone los pelos de punta; parece que el ritmo ha decaído por completo, pero en ese momento, un vientecillo hace mover las nubes a muchos kilómetros de distancia en el cielo y un rayo de luz solar se filtra directamente hacia el actor, que ahora queda bañado de una tonalidad cálida.

Un final que no se olvida nunca.

 

Fran Kapilla

 
Fran Kapilla.com (c) 2005-2009
Crónicas | Curriculum | Archivo | Mis Libros | Fotografía | Reflexiones | Contacto