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Domingo 15 de marzo, 2009

 


Dirección Jean Becker
Producción Louis Becker
Guión Jean Cosmos, Jacques Monnet, Jean Becker
Fotografía Jean-Marie Dreujou
Reparto Daniel Auteuil, Jean-Pierre Darroussin, Fanny Cottençon, Alexia Barlier
2007, Francia.

 

Daniel Auteuil.

 

 

Pressbook (libreto publicitario)

Filmografía de Jean Becker

1961 UN TAL LA ROCCA
1964 A ESCAPE LIBRE
1967 DULCE GAMBERRO
1983 VERANO ASESINO
(César a la Mejor Actriz: Isabelle Adjani, César a la Mejor Actriz Secundaria, Suzanne Flon y César al Mejor Montaje)
1995 ELISA (César a la Mejor Música)
1998 LA FORTUNA DE VIVIR
2000 UN CRIMEN EN EL PARAÍSO
2003 EFFROYABLES JARDINS/LOS JARDINES DE LA MEMORIA
2007 CONVERSACIONES CON MI JARDINERO
2008 DEUX JOURS À TUER

 


Conversaciones con mi jardinero

Un ejemplo del contraste de dos vidas; amigos en la infancia que se reencuentran. Uno es un artista en la ciudad, el otro un labriego en el pueblo; el artista aprenderá mucho de su nuevo-viejo amigo. En general es una película sobre dos vidas en sus trayectos finales pero que desborda optimismo.

Una vez más, el veterano cineasta Jean Becker, fiel a su estilo de la nouvelle vague pero con un look más moderno y trabajado, nos trae una historia serena, tranquila y muy campestre. Jean Becker que ha dado al cine películas con cuenta gotas (14 hasta la fecha para tan larga carrera) y tan buenas como A escape libre o La fortuna de vivir nos demuestra una vez más que sus obras son pura poesía.

 

Sinopsis

Daniel Auteuil, ese gran actor revelación de El manantial de las colinas o La chica del puente, vuelve a otra historia campestre; esta vez interpreta a un pintor parisino de mucho éxito, que por motivos personales se traslada al pueblecito de su infancia. Allí se reencuentra con el jardinero, que es un viejo amigo de colegio; a cada uno la vida le ha tratado de forma diferente y sus conocimientos sobre las cosas son distintas, pero complementarias.

Particularidades

La película es una oda al descanso rural, a la paz de los pueblos y la maravilla de las cosas naturales. Ya en los primer minuto podemos ver ese largo plano fijo que después irá siguiendo al jardinero y que tan sólo el ruido de su ciclomotor rompe el de los grillos. Tal vez se echen en falta más dramatismos, un poc más de tensión, o más enfrentamientos entre los personajes ya que todo discurre muy deprisa y muy light. De hecho, a pesar de basarse en ese contexto tranquilo, la película tiene mucho movimiento. El espectador viaja del pueblo a la ciudad en dos ocasiones y tal vez ese sea un error que reste complejidad a otras situaciones posibles del campo. Sin embargo se hace entretenida y al final se echan en falta 20 minutos más. En ciertos sentidos puede considerarse previsible y con poca aportación novedosa. Sin embargo, el objetivo que transmite el director, esa vuelta al mundo humilde y rural, lo consigue perfectamente.

La interpretación de ambos protagonistas es buenísima; una amistad que se forja en cada charla. Sus conversaciones van sobre cosas de la vida; antiguos trabajos, amores, dolencias, famílias, etc. Jean-Pierre Darrousin nos sorprende con una metamorfosis asombrosa. Su personaje es el más atractivo de cara el guión, tanto por su dificultad como por la temática del film. Consigue al cien por cien el papel de humilde jardinero de pueblo, con un pasado de trabajo duro e incesante (ferroviario) y con una visión de la vida muy inocente y muy simple pero concreta, no se anda con rodeos. Esto lo demuestra cuando observa el arte de su amigo; una pintura que no comprende. Es un persona sencilla pero muy sabia.

El hombre de ciudad (Auteil), pintor culto, refinado y que ha visto mucho mundo se asombra de las vivencias de su amigo, así se convierte en algo más que el jardinero que va arreglar su huerta. Es su amigo, su confidente y también su consejero de los problemas con su esposa. Este personaje está dentro del tópico de artista, sin embargo, el actor le da volumen y consigue hacer creíble su interrelación con el jardinero.

En la película advertimos el arte a raudales, por un lado está la pintura que va evolucionando de sus formas impresionistas hasta un poco más realista. También está la música empática: Verdi, Mozart... y además colocados justo en su momento y por medios sonoros como la radio; el resto del rodaje carece de hilo musical; el sonido del campo y los diálogos abordan todas las escenas.

Entrevista con Jean Becker

¿QUÉ LE ATRAJO DE LA NOVELA DE HENRI CUECO?
Me sorprendió la forma de hablar, de expresarse del jardinero, con expresiones muy particulares. Supongo que Henri Cueco se quedó igual de sorprendido cuando conoció a ese hombre y le entraron ganas de escribir un libro, para que quedara algo de él. El jardinero es un ser singular, excepcional. Tiene una visión de la vida totalmente espontánea e ingenua, pero acertada y profunda. No es un hombre corriente. Sus palabras, transcritas por Henri Cueco, son extrañas y llenas de sentido común a la vez.

¿CUÁL FUE LA PRINCIPAL DIFICULTAD A LA HORA DE ADAPTAR LA NOVELA?
Casi hubo que inventar el personaje del pintor. En la novela, solo sirve para devolver la pelota al jardinero. Empecé a escribir el guión solo, pero no tardé en sentir que necesitaba ayuda. Naturalmente pensé en Jean Cosmos, no solo porque trabajamos muy bien cuando desarrollamos el guión de Effroyables jardins/Los jardines de la memoria, sino también porque su hija es pintora y estoy seguro de que le ayudó mucho a la hora de desarrollar el personaje. Era necesario encontrar el equilibrio justo entre los dos sin debilitar al jardinero y dando la vida y la consistencia necesarias al pintor.

¿NO LE PIDIÓ A HENRI CUECO QUE ADAPTASE LA NOVELA?
No, como tampoco usé sus dibujos o sus cuadros. Creo que eso me permitió entrar más profundamente en el tema. Tampoco le pedí a Michel Quint que participase en la adaptación de Effroyables jardins/Los jardines de la memoria. Si Henri Cueco aparece en los títulos de crédito como autor de los diálogos, es porque hemos usado muchos diálogos del libro sin cambiarlos. Del mismo modo que hemos conservado intacto el personaje de la esposa del jardinero.

SU AMISTAD CON JACQUES VILLERET ES CONOCIDA. PROBABLEMENTE PENSÓ EN ÉL PARA EL PAPEL DEL JARDINERO CUANDO LEYÓ LA NOVELA.
De hecho empecé a escribir el guión para él. Casi había acabado la primera versión cuando falleció. Estuve a punto de dejarlo, pero el jardinero me caía demasiado bien. Empecé a buscar a un actor capaz de comunicar la bondad e ingenuidad de Jacques. Siempre había pensado que Jean-Pierre Darroussin, a pesar de ser muy diferente físicamente, tenía algo parecido. Cuando vi Como en las mejores familias, me sorprendió su forma de mirar a los demás, una mirada llena de bondad. Cuando le di el guión, le dije que había sido escrito para Jacques, pero aceptó enseguida.

¿QUÉ LE HIZO ESCOGER A DANIEL AUTEUIL PARA EL PAPEL DEL PINTOR?
Lo hice por intuición. Me atraía la idea de verle en una historia muy sencilla. Estaba convencido, además, de que el personaje del pintor, el de “payaso blanco”, interpretado por él cobraría toda su importancia. Daniel tiene una enorme cualidad: entiende perfectamente las situaciones. Lo capta todo enseguida; le basta con una mirada, un guiño, para comprender. Es un actor muy sobrio y que nunca se equivoca de tono.

¿POR QUÉ CREE QUE LOS DOS ACTORES SE COMPLEMENTAN?
Son a la vez muy cercanos y muy diferentes. De hecho, se complementan muy bien. Cada uno sabe comunicar emociones a su modo. Pero ambos tienen la misma sutileza, su juego es simple y directo. Además, tengo la impresión de que Jean-Pierre y Daniel estaban realmente contentos de trabajar juntos por primera vez y enseguida nació una complicidad entre los dos, lo que ayudó a la relación entre sus personajes. Se nota en sus miradas y en la forma en que se escuchan. Sinceramente, no podía soñar
con un dúo mejor. Han ido mucho más allá de lo que esperaba.

¿CÓMO DEFINIRÍA LA PUESTA EN ESCENA DE «CONVERSACIONES CON MI JARDINERO»?
Es muy simple. Ruedo con dos cámaras y con planos diferentes: primeros planos, planos medios, planos más generales. Eso me sirve, por una parte, para tener más posibilidades en el montaje, y porque creo que en una película como esta, la puesta en escena no debe hacerse notar. El espectador debe fijarse en los personajes, estar con ellos, a su lado.

«VERANO ASESINO», «LA FORTUNA DE VIVIR», «CONVERSACIONES CON MI JARDINERO», EN MUCHAS DE SUS PELÍCULAS PARECE HABER CIERTA NOSTALGIA DE LA VIDA EN EL CAMPO, PERO NO SE EDUCÓ EN EL CAMPO...
Bueno, en parte sí, y me viene ahora... Cuando empezó la II Guerra Mundial, mi padre fue hecho prisionero y nos fuimos a vivir al campo. Tenía 7 años entonces. Era una granja y vivía como los hijos de las personas que nos acogieron. Mi padre regresó del cautiverio y rodó Goupi, manos rojas, una historia que transcurría en el campo. Fuimos a vivir a Saint Léonard des Bois, en el campo. Durante la primera parte de mi carrera, oculté esos recuerdos.

Fran Kapilla