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Lunes 15 de diciembre, 2008


Dirección Peter Greenaway
Guión Peter Greenaway
Música Michael Nyman
Fotografía Sacha Vierny
Interpretación Richard Bohringen, Michael Gambon, Helen Mirren, Alan Howard, Tim Roth, Ciaran Hinds, Gary Olsen, Ron Cook, Ian Dury, Ewan Stewart, Diane Langton, Liz Smith
Inglaterra, 1989. 123 min.

Premios Sitges de la película:

- Mejor director, mejor música, mejor fotografía y al mejor actor (Gambon).

 

 


El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante.

The Cook the Thief His Wife & Her Lover. Una película con mayúsculas; dignas del autor que la firma, el gran Peter Greenaway. Puedo y no puedo decir mucho, a la vez todo, de ésta obra maestra. Me salen las palabras a borbotones a la hora de escribir sobre ella. Así que voy a poner las palabras tal cual se me escapan de la boca a modo introductorio: comida, erotismo, crueldad, restaurante, carne, sexo... Un peliculón, pero eso sí, quizá es un plato fuerte (expresión apropiada) destinado a un público muy maduro capaz de aguantar la sucesión de imágenes desagradables.

Particularidades

Nos encontramos en un film casi teatral; ¿porqué digo esto? bien, los decorados oscuros son casi ambientales, no importando lo que contienen sino lo que transmiten. Durante la primera parte de la peli sólo hay tres escenarios: la calle (un sitio de tinieblas), la cocina (que parece una fábrica) y el salón con ese gran cuadro de fondo que nos inspira un lugar de lujo. Ahora bien, hasta casi el final de la peli no hay ningún primer plano. Si, habéis leído bien; la peli se mueve entre planos generales y algún medio grade a la hora de las relaciones entre el librero y la mujer. Una excentricidad que demuestra una pericia en el cine sublime. También encontraremos divisiones del film, como en capítulos distintos, los distintos días que abre el restaurante.

Otro de los tecnicimos que me gustaron es el inmenso travelling que se activa cada vez que los protagonistas caminan desde la calle al salón del comedor; pasand por la cocina. Un travelling sencillo pero perfecto: siguiendo a los personajes lateralmente; como dando a entender que todo es un teatro, casi mejor que el teatro normal.

La presentación de los personajes también es impactante; si bien se muestran tal y como son desde el primer minuto en que aparecen, para el espectador habrá un aumento de su rol paulatinamente. Es decir, el mafioso es cruel desde que empieza la peli, pero nos parece que los primeros actos son menos malos que los que tendrán lugar con el protagonista que conoceremos. El argumento se basa en la figura del mafioso Albert Spica (Michael Gambon), el dueño de un restaurante cuya mayor peculiaridad es su mala educación, produciendo verdadero asco en el espectador. Sus palabras y sus actos están llenos de maldad y durante los primeros veinte minutos o media hora sólo abre la boca para soltar tacos o ocurrencias propias de su grosería (como en todo el film), siendo casi el único que dice algo de toda la banda que lleva consigo, como un tal Mitchel (Tim Roth), que siempre intenta estar al lado de su amo. Este comienzo es una dura prueba para el espectador que si la pasa se irá acomodando al desarrollo de la película, dejándose llevar por la buena dirección del director, por las imágenes y por la música.

El argumento es bastante atrayente, sobre todo por lo bien que evoluciona durante el film, aunque parezca que el personaje grotesco del señor Spica lo altere todo en sus momentos más gloriosos de su siempre inoportuna presencia. Pero se podría decir que sus terribles apariciones se equilibran muy bien con la historia de amor paralela de su mujer Georgina (Hellen Mirren) con un cliente del restaurante, Michael (Alan Howard), un enamorado de la literatura, cuya fogosidad del primer encuentro en los servicios acabará por provocar una verdadera pasión que les conducirá a hacer el amor cada día hasta en la cocina del restaurante, con el beneplácito del chef Richard (Richard Bohringen). Sin embargo, por un chivatazo, el señor Spica se enterará del "afaire" de su mujer y no se cansará de buscarlos por todo el establecimiento, destrozándolo todo lleno de furia y de rabia. A partir de aquí, el film entra en un momento crítico, con la obligada huida de la pareja enamorada y con la estimable ayuda del chef. Es entonces cuando descubrimos la librería de Michael, el mejor lugar de reclusión para los dos. Aunque al final, el señor Spica encuentra el escondite, resultando ser la mejor parte del film, acabando en un soberbio final que deja estupefacto a todos los espectadores que se han dejado llevar hasta ese momento glorioso.

En mi caso, sin darme cuenta y sin poder apartar la mirada de la pantalla, Greenaway me va atrapando poco a poco, consiguiéndolo totalmente hacia la mitad del film. Mis cinco sentidos parecen estar volcados de manera unánime a lo que estoy presenciando, creyendo tocar el decorado, olfatear y saborear la comida, ver delante mío los inmensos escenarios y oír a mi lado la música de Michael Nyman que en verdad entra dulcemente por cualquier oído amante de la bella música y sobre todo esa voz de tiple del chico rubio, un personaje un tanto extraño y peculiar que da un punto más de interés al film. La fotografía de Sacha Vierny y el vestuario de Jean Paul Gaultier también ayudan a remarcar la belleza de las imágenes, como el cambio de escenario o de color (gran contraste entre el rojo del pasillo donde se encuentra la pareja por primera vez y el blanco del servicio). Y casi todas las escenas que no se sitúan en la mesa de los comensales, están rodadas con planos muy generales y con travellings lentos, al ritmo de la melodía. Pero sin lugar a dudas, me rindo a los pies del señor Greenaway por su escena final, emotiva y "suculenta".

Para acabar, Peter Greenaway da mucha importancia a la referida música para aportar un dulce acompañamiento a esas imágenes a veces tan barrocas y oscuras. Michael Nyman ha compuesto la banda sonora de varias de sus películas pero, en concreto, quiero destacar la de "El vientre del arquitecto" (1987), en la que aparecen algunas composiciones de Wim Mertens que producen en mis oídos algo tan emocionante e indescriptible que no ceso en considerarlas como de las melodías más bellas creadas por el ser humano. Y no es raro pensar que Greenaway utiliza un lenguaje cinematográfico bastante peculiar, junto con unas historias poco convencionales que, según muchos críticos y parte del público, son demasiado exhaustivas.

En definitiva, una película que hipnotizará a unos y asqueará a otros, con una música arrebatadora y un final apoteósico, un final que no deja indiferente.

Peter Greenaway

Prototipo del cineasta-artista europeo, totalmente alejado de los supuestos de cine comercial actual, es hoy un reconocido director de cine inglés, cuya formación se dio en las artes plásticas, específicamente en la pintura. Greenaway se ha mantenido escéptico acerca de las restrictivas fronteras del cine, se puede decir que sus películas no intentan mantener vigentes las características tradicionales del cine. Sus films se destacan dentro de la producción general de la "industria". Algunos críticos han definido su producción como anticine y ni siquiera lo consideran cineasta, seguramente Greenaway no estará en desacuerdo con esto ya que mantiene siempre una actitud inquieta con respecto a las inhabilidades del cine: no hay tacto, no hay olor, no hay temperatura, corta duración, audiencias pasivas y sedentarias, no existe el diálogo con la audiencia, sobrecarga de especificaciones técnicas limitadas a la composición de cada cuadro de la película, visibilidad desde una determinada dirección. Desmedida búsqueda de la realidad, sets temporales, actores educados para pretender actuar, ilusiones planas, poca compresión de la pantalla como pantalla. Intereses comerciales omnipotentes. Son todas estas algunas de las tiranías a las que se enfrenta Greenaway en su cine, el cuadro, el actor, el texto y, la más molesta de todas, la tiranía de la cámara.

La lista de desencantos es larga. Sin embargo, él no está solo en sus opiniones, su estrategia actual es investigar y cambiar estas limitaciones y para ello invierte mucho tiempo en actividades diferentes al cine, con el ánimo de llevar dichas actividades hacia el cine con la esperanza de reinventarlo. Algo que se hace cada vez más difícil, pero mucho más necesario. Un medio sin una reinvención constante está condenado a morir. Muchos dicen que hoy no hay grandes inventores en el cine, se han ido a otros lugares, tal vez están haciendo lo correcto.

A una muy temprana edad Greenaway decidió que quería ser un pintor y desarrolló un interés por el cine europeo particularmente en las cintas de Antonioni, Bergman, Godard, Pasolini y Resnais. En 1962 inició estudios en el Walthamstow College of Art, donde compartió cursos con el músico Ian Dury con quien posteriormente trabajaría en El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante. En el Walthamstow College realizó su primer cortometraje titulado Death of Sentiment y que se desarrollaba alrededor de objetos del patio de una iglesia; cruces, ángeles volando, tipografía esculpida en la roca. La película fue filmada en cuatro cementerios londinenses. En 1965 se unió a la Oficina Central de Información (COI), donde trabajó durante 15 años como editor y director. En 1966 dirigió Train, con fragmentos de la filmación del último tren de vapor que llegó a la estación de Waterloo, que estaba ubicada justo detrás de su lugar de trabajo en el COI. Una cinta de estilo abstracto influenciada por Man Ray y su ballet mécanique, todo montado por cortes sobre una banda sonara de música concreta. En 1966 también dirigió Tree, siendo el protagonista un árbol del Royal Festival Hall de Londres que se encontraba completamente rodeado de cemento. La década de 1970 verá un Greenaway más serio que desarrollará en 1978 Vertical Features Remake y A Walk Through H. La primera un estudio sobre formas con estructuras aritméticas y la segunda, un viaje a través de varios mapas. En 1980 Greenaway producirá su más ambicioso trabajo, hasta ese momento, titulado, The Falls: un monstruo fantástico, una enciclopedia de lo absurdo de material asociable con el vuelo, con la ley de la gravedad, 92 víctimas de algo que denominó (VUE) "Violent Unknown Event" o Evento Violento Desconocido. Los años 80 vieron las mejores películas de Greenaway, El contrato del dibujante en 1982, A Zed & Two Noughts en 1985, El vientre del arquitecto en 1987, Drowning by Numbers, también traducida como Conspiración de mujeres, en 1988 y El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, en 1989, su película más conocida por el público. Los noventa nos dieron las más atractivas a nivel visual Los libros de Próspero en 1991, la controvertida El niño de Mâcon en 1993, The Pillow Book en 1996, y 8 1/2Women en 1999.

Las maletas de Tulse Luper: La historia de Moab(1ª parte) de 2003 y Las maletas de Tulse Luper: De vaux al mar(2ª parte) 2004, sus últimos film para la pantalla grande, son unas extravaganzas multimedia que incluyen las más innovadoras técnicas. En la mente de Peter Greenaway está la actitud de que aún no hemos visto lo que puede ser el cine, como se dijo anteriormente. Su ambición es intentar reinventarlo, por esto el mundo del cine es un lugar que amplía su espectro de variedad gracias a él.

 
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