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Primer
vistazo
Ver
Blade Runner es internarse en todo un mundo nuevo, a la vez maravilloso
y pesadillesco, donde la visión de un futuro no demasiado
lejano confunde sus límites con la distopía de una
realidad alternativa y subterránea que la estética
del cine ha sido capaz de conjurar, permitiéndole colarse
en nuestro propio mundo con todo su caudal alegórico y transformador.
El filme dirigido por Ridley Scott en 1982 basándose en la
novela del escritor de ciencia ficción Philip K. Dick, ¿Sueñan
los Androides con Ovejas Eléctricas?, ha terminado por convertirse
en un clásico indiscutible de nuestro tiempo, hasta el punto
de haberse ganado un lugar en la selecta filmoteca del Congreso
de los Estados Unidos, y de poner en boca de todos los términos
posmoderno y cyberpunk.
Pero
antes llegar a este nivel de reconocimiento, la cinta habría
de recorrer un largo camino a lo largo del cual supo ganarse la
admiración de una fuerte legión de fans y el respeto
de críticos y estudiosos que hicieron olvidar la relativa
incomprensión de buena parte de la audiencia (y de la crítica)
en tiempos de su estreno mundial. Y aún antes de esto, las
escaramuzas de una producción nada fácil que vio enfrentarse
a realizador y productores, a protagonista y director, descartarse
sucesivos guiones y modificarse el montaje final, que Scott recuperó
en su "Corte del Director", estrenado en 1992.
El
resultado final, que no es otro que la impresión indeleble
que esta sugestiva profecía ha dejado en los espectadores,
cualquiera hubiera sido la "versión" que presenciasen,
demuestra que Blade Runner, además de estar basada en sólidos
fundamentos creativos, ha incorporado a su naturaleza la impronta
de ciertas circunstancias fortuitas que no sólo forman parte
de la leyenda de la realización, sino ya de su propia personalidad.
Las razones por las que tantas personas han hecho de éste
un filme de culto tienen mucho que ver con el hechizo de un diseño
futurista tan complejo como coherente donde el punto de vista de
la cámara no es la agresión de lo extraño sino
la exaltación de su belleza -engañosa, por cierto-.
El espectador asiste arrobado al espectáculo de maravillas
que le depara un futuro próximo, como vistas aéreas
de un paisaje urbano infinito y resplandeciente, vehículos
que se elevan por encima de los rascacielos, inmensas chimeneas
llameantes y otras construcciones farónicas.
En
la apertura del filme, todo este paisaje fantástico se refleja
y es devorado por la gélida superficie azul de un ojo gigantesco,
indiferente (sospechamos) a tal magnificencia. La imagen expresa
de manera perfecta la paradoja de una historia que no tarda en descorrer
los velos sobre una realidad diametralmente opuesta, forjada precisamente
por la complacencia del género humano ante la propia voracidad.
En esta realidad disfrazada de esplendor el hombre se ha contentado
con que la naturaleza haya sido arrasada y las personas vivan entre
los desperdicios de una cultura rapaz, en el seno una sociedad éticamente
abominable. Belleza y decadencia son una sola cosa en Blade Runner,
y esta combinación extrañamente nos seduce, involucrándonos
directamente en el mensaje del filme.
Pero
yendo más allá de esto, el planteo argumental de la
perenne realización de Ridley Scott es lo suficientemente
serio, profundo y abarcador como para ejercer en los espectadores
un efecto movilizador a través de a exposición de
temas tan universales como son la identidad, el propósito
del existir y lo que percibimos como realidad, tan vigentes en el
año 2019 en que se sitúa la acción de la cinta,
como en nuestro propio tiempo.

Relato policial
Como
la mayoría de los relatos futuristas, la trama Blade Runner,
ambientada en una hiper-industrializada ciudad de los Angeles del
2019, parte de la extrapolación de hechos sociales, económicos
y ambientales en pleno proceso de desarrollo hoy en día,
y de posibles encauzamientos de la tecnología inspirados
por las proverbiales soberbia y antropocentrismo del género
humano.
No
cabe la menor duda de que las grandes corporaciones, los experimentos
genéticos reñidos con la ética, la destrucción
del medio ambiente y la desintegración social son hoy realidades
palpables; todos estos elementos aparecen potenciados en el filme,
que nos presenta un mundo crepuscular donde la humanidad se enfrenta
a los fantasmas de su ruina moral bajo la forma de unos seres artificiales
conocidos como "replicantes".
Creados
genéticamente a imagen y semejanza del hombre para servirlo
como esclavos en su vida en el espacio, aunque mejorados en cuanto
a resistencia física, la inteligencia y sentido de auto-preservación
de esta estirpe perfecta de androides (que representa asimismo un
sentido de justicia universal) los ha llevado a rebelarse contra
sus amos para liberarse del yugo que les ha sido destinado, y ahora
buscan en la Tierra la contestación a sus muchas preguntas,
pero fundamentalmente demandan la prolongación de su lapso
vital de 4 años que les ha sido fijado en el momento de ser
diseñados.
El
gobierno se encarga de eliminar a estas díscolas criaturas
o eufemísticamente, de "retirarlas", recurriendo
a los servicios de policías especiales o "Blade runners",
cazadores profesionales entre los que se cuenta el protagonista,
Dick Deckard (Harrison Ford). Este se encuentra retirado de la fuerza
porque ya no desea realizar más trabajos sucios, pero su
superior Bryant lo obliga a regresar con una velada amenaza (le
dice "si no eres policía no eres nadie", con lo
cual puede significar su deportación para ser enviado como
otros seres humanos aptos a las colonias espaciales, idea por la
que el personaje, en la novela de Philip K. Dick, siente una especial
aversión.
El
encargado de reclutar a Deckard es Gaff, un policía de mueca
torva e impenetrable personalidad que habla una confusa jerga -mezcla
de húngaro, japonés y otros idiomas-, tan difícil
de desentrañar como su indefinido origen étnico. Este
oscuro personaje será el nexo del blade runner con el cuartel
de policía, y lo secundará y/o vigilará discretamente
en varios pasos de la pesquisa.
Deckard
asiste entre escéptico y sardónico a la presentación
del caso que hace Bryant: Cinco replicantes de la generación
Nexus 6, tres varones y dos mujeres, se amotinaron en una colonia
espacial y consiguieron apoderarse de un crucero espacial, asesinando
a su pasaje y tripulación. La nave abandonada es descubierta
dos semanas más tarde en la costa, y poco después
uno de los replicantes se electrocuta al intentar infiltrarse en
las instalaciones de la Tyrell Corporation, la empresa que fabrica
a los Nexus 6; mientras tanto, los restantes logran escapar y mimetizarse
con la población humana. Finalmente uno de ellos es detectado
trabajando en la sección desperdicios de la misma corporación,
y al ser sometido a una prueba llamada test de Voight Kampff por
un colega de Deckard, ataca a éste dejándolo al borde
de la muerte.
Para
que conozca al adversario, el blade runner es invitado a practicarle
la misma prueba a una empleada del Doctor Tyrell (dueño de
la corporación del mismo nombre); se trata de Rachael, una
inteligente y sofisticada replicante que a Deckard le resulta casi
imposible distinguir de un humano. El policía se percata
de que ella no sabe que es una criatura artificial, y ante su incredulidad
Tyrell le revela su secreto: la implantación de recuerdos
pertenecientes a una persona real que tiene por objeto brindarle
toda la "experiencia" que no ha tenido tiempo de acumular
y a la vez suavizar sus emociones, tornándola más
"manejable".
A partir
de entonces Deckard se internará, sin más compañía
que la esporádica aparición de Gaff vigilando sus
pasos, en la peligrosa tarea de rastrear y "cazar" a los
replicantes: Zhora (asesina entrenada para el crimen político),
Pris (modelo de placer), Leon (operario nuclear) y el líder
Roy Batty (modelo de combate), aunque en más de una ocasión
los papeles estén a punto de invertirse. Y como si esto no
fuera suficiente problema, comenzará a desarrollar un desconcertante
sentimiento romántico hacia Rachael, quien luego de conocer
su verdadera naturaleza escapa de la tutela de Tyrell, convirtiéndose
automáticamente en una nueva presa para el policía.
La
ambivalente posición de Deckard con respecto a los replicantes
y su razón de ser terminará por definirse hacia el
desenlace, cuando su enfrentamiento definitivo con el líder
de los androides le revele una faceta inesperada de aquéllos,
la cual le hará replantear sus convicciones e intentar una
huida junto a Rachael.
Las versiones
Mucho
se ha polemizado en torno de cuál de las dos versiones de
Blade Runner es la definitiva, si la compaginada por los productores
o la original de Ridley Scott, que finalmente se conoció
en 1992. Esto si no contamos como tercera alternativa a la primera
edición en video, que incluía algunas escenas no vistas
en los cines.
Personalmente
me cuento entre los que descubrieron el filme sólo entonces,
en coincidencia con la aparición del video hogareño,
lo que me permitió verlo repetidamente, completo o por partes,
hasta convertirlo en un objeto de culto, sumándome a su ya
importante legión de admiradores. Seguramente esta circunstancia
ha podido llegar a condicionar mi juicio y valoración, como
también ha ocurrido con muchos de los que han visto primero
El Corte del Director, pero creo sinceramente que hubiera sido capaz
de mantener mi punto de vista de haber sido a la inversa.
Dejando
de lado la supresión de la voz en off como refuerzo estilístico
noir y con ella de buena parte de los apuntes psicológicos
y emotivos acerca del protagonista, la insinuación implícita
en el Corte del Director de que Deckard pudiera también ser
un replicante cambia por completo la intencionalidad de la obra.
Si antes aquél era un escéptico descastado, el sobreviviente
de una Tierra desnaturalizada y fantasmal que debía vérselas
muy a pesar suyo con los productos indeseables de ese mundo crepuscular,
ahora pasa convertirse en uno de los típicos seres alienados
de las novelas de Philip K. Dick, tambaleantes entre universos y
realidades paralelas.
El
azar ha querido que el filme adquiera de esta manera una naturaleza
dual muy en sintonía con conceptos manejados por el creador
de El Hombre en el Castillo. Podría decirse que en uno de
estos universos habita un Deckard que es replicante, mientras que
en el otro lo hace uno que es humano. Pero, ¿puede realmente
hablarse de dos filmes diferentes, o solamente de dos montajes que
contienen ligeras diferencias?. La respuesta no es tan sencilla.
Las modificaciones del Corte del director se limitan fundamentalmente
a los siguientes puntos:
1-
La supresión del relato en off, una de las particularidades
de la versión estrenada en 1982 más resistidas por
Ridley Scott.
2- El agregado de la breve secuencia de un sueño de Deckard
que sugiere la posibilidad de que aquél sea un replicante.
En ella vemos a un unicornio, en coincidencia con la figurilla dejada
por Gaff en el vestíbulo del departamento de Deckard justo
antes del desenlace.
3- La eliminación de la escena final en la que Deckard y
Rachael huyen a bordo del spinner por un paisaje boscoso (en realidad
se trataba de una unas tomas descartadas por Stanley Kubrick para
El Resplandor).
Pudiera
parecer que esto no es suficiente para hablar de dos filmes independientes,
pero en verdad las modificaciones que ha introducido Ridley Scott
llegan a oscurecer ciertos aspectos de la primera versión
y a potenciar otros, aunque de manera más bien ambigua.
Si
bien la revelación de la verdadera naturaleza de los replicantes
permanece intacta, en el Corte del Director se anula la inquietante
relación fetichista que se establece entre el protagonista
y Rachael, en rigor una muñeca concebida para complacer a
los seres humanos. Y, por supuesto, también se desvanece,
al no incluirse la explicación final, la sugerencia de que
aquélla estaría mucho más cerca de la humanidad
(del atributo y del género) que los otros replicantes, aún
cuando éstos hubieran demostrado poseer similar estatura
existencial a la humana, como lo ha dejado en claro Roy Batty.
Por
fortuna los cambios han dejado intactas la poética despedida
del androide y la perturbadora escena en que Rachael conoce la verdad
de su naturaleza en de boca de Deckard. Entre los parlamentos interiores
del policía, seguramente el que más se extraña
es el que se le escuchaba mientras asistía a la agonía
de Roy:
"No sé por qué salvó mi vida. Quizás
en sus últimos momentos amó la vida más que
nunca. No sólo su vida. La vida de todos. Mi vida. Buscaba
las mismas preguntas que nostros: ¿De dónde vengo?
¿Hacia dónde voy?. ¿Cuanto tiempo tengo?.Todo
lo que pude hacer fue quedarme allí y verlo morir".
Finalmente
debo decir que no reniego de la existencia del Corte del Director
(y de la nueva versión del 2008), sino todo lo contrario:
creo que su visión complementa de manera más que estimulante
la del Blade Runner original, y recomiendo entusiastamente a quienes
se acerquen al filme por primera vez, o a quienes recuerden más
vivamente una u otra versión, que las vean alternadamente
a ambas, tratando de rastrear los sutiles cambios, especialmente
en la banda sonora. Les aseguro que el efecto es hipnótico,
como si saliéramos de un mundo y entrásemos a otro,
y luego volviésemos al primero y éste también
hubiera cambiado, junto con el nuestro. Esto es en verdad lo que
siempre se ha propuesto Philip Dick con sus historias: descubrirnos
cuán inconsistente es el entramado de lo que entendemos como
realidad.

¿Humano
o replicante?
La
teoría de que Deckard es un replicante se sostiene en los
siguientes argumentos:
La
correspondencia entre el origami dejado por Gaff en el desenlace,
con el sueño de Deckard en el que se ve a un unicornio. Esto
prueba que Gaff conoce los implantes de memoria del replicante Deckard,
entre ellos el de la criatura mitológica. Los que no entendían
el por qué de la costumbre de Gaff de andar dejando estos
souvenirs en la versión de 1982 tienen aquí su respuesta.
La
confusión que surge de los dichos del Capitán Bryant
al presentarle el caso de la rebelión replicante a Deckard,
cuando afirma que son seis de ellos los que llegaron a la Tierra
(tres hombres y tres mujeres, de los cuales uno de los primeros
pereció al intentar traspasar un campo electrificado de la
Tyrell Corp) dio pie a la especulación de que Deckard podría
ser el quinto replicante sobreviviente; esto, sin embargo, tampoco
coicide con lo que dice Bryant, ya que el quinto replicante debería
ser una mujer. En verdad, lo de los seis replicantes es un gaffe
que se produce porque originalmente el guión contemplaba
la inclusión del personaje de Mary, otra replicante a la
que finalmente se decidió eliminar de la historia.
En
la escena en la que Deckard le confiesa a Rachael sus intenciones
de no salir en su persecución porque le debe la vida, los
ojos del policía parecen relumbrar como lo hacen los de los
replicantes. Sin embargo, en ese momento la figura de Deckard se
encuentra fuera de foco y no es fácil reparar en ello.
Las
palizas que los replicantes le propinan a Deckard en diferentes
oportunidades probablemente no serían soportadas por ningún
ser humano, ni hazañas como las de trepar por la parte exterior
de un edificio bajo la lluvia con dos dedos de la mano derecha dislocados,
y luego saltar de una terraza a otra, aunque sin lograrlo tan limpiamente
como Roy. De ser un replicante, y comparando su capacidad física
con la de los demás, la cual es de grado A, la de Deckard
sería posiblemente de grado B, sólo superior a la
de Rachael, la única replicante a la que puede reducir sin
problemas.
Deckard
comparte con los replicantes el apego por las fotografías,
que se acumulan en gran cantidad sobre el piano de su departamento,
y que son mayoritariamente en blanco y negro, cosa inusual si tenemos
en cuenta la fecha en que se desarrolla la acción del filme.
Estonces estaríamos otra vez ante la evidencia de falsos
recuerdos, sembrados allí con el propósito de crear
la ligazón emocional que se necesita para mantener contenidos
a los replicantes.
Roy
conoce el nombre de Deckard aún cuando nunca antes lo había
encontrado personalmente, un indicio de este último podría
haber formado parte de la sublevación. Algunos especulan
con que Deckard sería el tercer replicante varón que
en verdad no hubiera muerto electrocutado como afirma Bryant, sino
que ha sido atrapado y reclutado por la policía para terminar
cazando a sus propios compañeros gracias a una manipulación
de su memoria encargada a Tyrell. Si Rachael fuera considerada a
su vez como la tercera replicante con una diferente personalidad
adquirida a través del mismo procedimiento, el equívoco
de Bryant quedaría subsanado. Claro que todo éstas
no son más que especulaciones.
Por
encima de cualquier otra consideración, la teoría
del protagonista replicante queda confirmada por las declaraciones
del director y los guionistas, quienes manifestaron en reiteradas
oportunidades que la mayoría de los indicios anteriormente
mencionados se incorporaron en la trama con la intención
de que Deckard (junto con el espectador) terminara creyendo que
era un replicante. Sin embargo, y a pesar de que las modificaciones
introducidas en el Corte del director tienden a apuntalar esta idea,
se evitó proporcionar una conclusión demasiado contundente
como lo hubiera sido incluir el siguiente parlamento en off de Deckard,
que puede encontrarse en uno de los guiones tentativos del filme:
"Lo
supe sobre el tejado aquella noche. ¡Que éramos hermanos,
Roy Batty y yo!"
Habiendo
expuesto ya algunos de los principales puntos que sustentan la versión
de que Deckard es un replicante, de la cual es partidario el propio
director, Ridley Scott, ahora nos concentraremos en las evidencias
presentes en el relato que parecen sugerir lo contrario. Algunas
de ellas son las siguientes:
El propósito mismo de los replicantes queda establecido en
la introducción del filme como el de vivir en el espacio
realizando tareas más allá de la capacidad física
de los humanos y como esclavos de éstos; Deckard vive en
la Tierra y aunque su trabajo le demande aptitudes especiales, se
asume que él no es el único "blade runner"
que pueda desempeñar su papel.
Deckard
afirma estar retirado: ¿De qué utilidad podría
ser para el Departamento de Policía un replicante en esta
situación?.
Si Roy Batty supiera que Deckard es un replicante (lo que sostienen
quienes encuentran sugestivo el hecho de que el androide conozca
el nombre del policía), no le confesaría, cuando éste
pende en vilo a varios pisos del suelo, que el miedo que experimenta
en ese momento es el mismo que sienten los humanoides siendo esclavos.
Si
la fuerza policial hubiese querido valerse de un replicante para
cazar a otros replicantes, habría podido disponer de un modelo
dotado de mayor resistencia física que la de Deckard, la
cual demuestra ser inferior a la de todos los Nexus 6 menos Rachael.
Y si el policía fuera de una generación anterior y
por lo tanto inferior, no se explican sus recuerdos, ya que éstos
han sido implantados únicamente a los nuevos androides, como
queda claro al quedar sorprendido el policía ante esta revelación
por parte de Tyrell.
Roy hace alarde de su superioridad física ante Deckard atravesando
una pared con su cráneo. Los replicantes hicieron antes pruebas
de este tipo ante otros humanos como Sebastian y Chew para infundirles
temor o dejar en claro que son diferentes.
En
su parlamento final el Nexus Seis dice: ''I've seen things you people
wouldn't believe" ("He visto cosas que ustedes las personas
no creerían").
La
figurilla de papel que Gaff deja a la salida del departamento del
protagonista representa un unicornio, revelando aparentemente que
aquél sabe de esta imagen recurrente en los sueños
de Deckard, un implante del que Gaff hubiera podido ser puesto al
tanto del mismo modo que el otro conoció las intimidades
de Rachael, debiéndose asumir por todo esto que también
Deckard es un replicante. La pista es demasiado débil porque
la toma que muestra la figura onírica ha sido demasiado fugaz,
además de estar dispuesta de modo tal que aparenta ser un
error de montaje; en consecuencia, el espectador no llega a relacionar
ambas imágenes y la alusión pasa desapercibida para
la mayoría.
Cuando
el blade runner recoge la pequeña figura y se sonríe
al reconocerla, esto denota de manera bastante obscura y siempre
que lo creamos un replicante, que ha asumido en ese mismo momento,
y simultáneamente, los siguientes hechos:
1-
Que Gaff ha estado en el edificio y ha dejado vivir a Rachael.
2- Que él mismo es un replicante, lo que le permite sortear
el abismo que podría existir entre un humano y una compañera
androide.
3- Que después de todo todavía cabe abrigar alguna
esperanza para un mundo donde algunos hombres aún son capaces
de experimentar compasión y donde algunos seres artifciales
la han aprendido.
Como
podemos observar, son demasiadas conclusiones a la vez, sin mencionar
el hecho de que la sonrisa de Deckard no se entiende si es que también
ha caído en la cuenta de que al ser ambos replicantes, tanto
a él como a Rachael les resta muy poco tiempo de vida. Claro
que si Deckard es humano, el recuerdo de Gaff sólo representa
un guiño para hacerle saber a su manera retorcida que ha
decidido darle una tregua para que escape. En este caso la sonrisa
no resulta de manera alguna equívoca y queda plenamente justificada.
Como siempre, la simpleza es más efectiva.
Finalmente,
y lo más importante, el combate final entre Deckard y el
líder de los replicantes tiene mucho mayor poder evocador
si lo interpretamos como una reconciliación del hombre con
su propia naturaleza a través de la compasión y el
respeto hacia otras manifestaciones vitales como ese androide al
que hemos visto elevarse desde el más desaprensivo afán
de perpetuación hasta la adquisición última
de una ética de proporciones cósmicas que lo lleva
a salvar la vida de su acosador y preguntarse acerca del destino
de su propia conciencia y su trascendencia.
El límite
de lo humano
Las obsesiones recurrentes de Philip K. Dick están presentes
en Blade Runner a través del problema que representa distinguir
lo humano de lo inhumano en la figura de los replicantes, un tema
que en otras novelas del autor se limita a una simple cuestión
de apariencias, pero que aquí se profundiza llegando a la
médula de la pregunta "¿quién es real?"
en su más estricto sentido filosófico.
A diferencia de relatos como "La segunda variedad", donde
las imitaciones de lo humano eran poco más que una trampa
cibernética, los replicantes, y especialmente el personaje
de Rachael, nos llaman a preguntarnos hasta qué punto podemos
creer en nosotros mismos, en que nuestra psiquis nos pertenece y
que no somos simplemente una ficha sobre el tablero de un inextricable
juego cósmico. A la vez, el problema de los androides plantea
en el campo de lo especulativo, la hipótesis de que quizás
los entes artificiales extrañasen poseer una conciencia y
un espíritu, aspiración que parece menos realizable
en "¿Sueñan los androides.." que en la película.
El filme de Ridley Scott desarrolla estos asuntos de manera notable
y hasta coquetea (en la versión más personal del realizador)
con la vuelta de tuerca última que suelen proponer las historias
de Dick, casi siempre resignando la coherencia del conjunto: en
el último momento nos enteramos de que el protagonista no
era quien creía ser o, como en "Usted lo recordará
perfectamente" (We can remember it for you, wholesale, cuento
que sirvió de punto departida a "El vengador del futuro"),
de que su fantasía era su realidad y viceversa.
Lo que en relatos menores resulta divertido y excitante, en piezas
más serias se transforma en un despropósito. Dick
ha reconocido en diversas oportunidades su error al introducir cierto
tipo de experimentos en sus obras, como cuando se valió del
I Ching para decidir el desenlace de "El hombre en el castillo",
y fue siguiendo esta misma vocación experimental que los
adaptadores de la novela han incluido la noción de un Deckard
replicante aunque ésta no existiera en la obra de PKD (allí
el protagonista era humano). Extrañamente, los criterios
comerciales de los estudios, en otras ocasiones tan repudiables,
han venido a enmendar el "error" a través de unas
pequeñas modificaciones hechas a un relato que de igual manera
en todos sus aspectos hace mucha justicia al espíritu del
escritor.
Sin embargo, el mejor tributo que la película podía
hacerle a la literatura de Dick es haber logrado ese raro fenómeno
en la percepción del espectador que se llama supresión
de la incredulidad, por medio de una ficción y una puesta
en escena tan elaboradas en cada uno de sus detalles que llegamos
a convencernos de que no estamos ante una mera representación
de un futuro posible, sino que se trata de un vasto universo encapsulado,
de una realidad paralela con su propia cosmogonía, organización
y sistema moral basados en una psicología, una ciencia y
una sociología reconocibles y a la vez extrañas.
Personajes
Al intentar medir la gravitación de la literatura dickeana
en el filme, descubrimos que donde más se nota es en la caracterización
de los personajes, los cuales representan los diferentes tipos y
asociaciones presentes en la obra del escritor.
Deckard encarna al funcionario de la burocracia sin convicción
en lo que hace, un peón del sistema que debe soportar los
abusos de la pirámide de poder que se cierne ominosamente
sobre su vida. Este tipo de personaje, que se repite en muchos de
los libros de Dick y con el que el escritor se identifica claramente,
suele tomar partido por una causa perdida, con lo cual se atrae
todo tipo de problemas que transforman en una realidad sus peores
paranoias.
J.F. Sebastian es otro personaje característico del mundo
de Dick, un hombre disminuido que ansía evadirse de su gris
existencia, un paria explotado por los poderosos que nunca puede
obtener lo necesario para lograr el éxito en sus aspiraciones.
Leon es otro paria, así como el resto de los replicantes,
pero es él quien de todos ellos mejor representa al hombre
común que pasa desapercibido etre las multitudes de seres
anónimos que deambulan con sus vidas sin sentido y sueños
absurdos por las atestadas calles de las grandes metrópolis.
Chew es la cara oriental más prominente surgida de la gran
masa demográfica de aquel origen que puebla tanto la ficción
del filme como los relatos de PKD (el protagonista de El Hombre
en el Castillo, el Sr. Tagomi, es un funcionario japonés
que participa del gobierno de unos Estados Unidos dominados por
los nipones). La figura de los orientales se identifica tanto con
la sabiduría de una cultura milenaria como con el sentimiento
de xenofobia que inspiran su número aplastante y costumbres
tercermundistas. La fascinación por la cultura oriental es
compartida por el director Ridley Scott, que en el policial Lluvia
Negra se encargó de reivindicar a este grupo étnico.
Roy Batty es el renegado, la encarnación demoníaca
que finalmente sucumbe a las leyes del universo, mostrándose
digno de nuestra compasión. En Invasión Divina, uno
de los últimos trabajos de Dick, el escritor demuestra similar
sentimiento de compasión por un Señor de las Tinieblas
cuyo reino se desmorona con la llegada de un Dios tal vez demasiado
ciego y cruel.
Gaff y Bryant son los esbirros del poder que tanto atormentan a
las criatutras de PKD, y siempre parecen estar gozando del papel
intimidatorio que les toca desempeñar. Generalmente conocen
algún desliz que ha cometido el protagonista e intentan algún
tipo de chantaje (como Gaff, quien mantiene en vilo a Deckard hasta
el último minuto, sabedor de su interés por Rachael).
El doctor Eldon Tyrell es la cabal representación del hombre
maduro, paternalista y casi todopoderoso de las creaciones dickeanas,
como el Runciter de Ubik, que sin embargo en algún momento
cae de su pedestal demostrando debilidad.
Entre las mujeres, Rachael es la chica inocente y a la vez objeto
de deseo (según la novela ¿Sueñan Los Androides
con Ovejas Eléctricas?, sus recuerdos son los de una adolescente
de 16 años), que necesita de la protección de un hombre.
En cambio, Pris y Zhora son la encarnación de la mujer pérfida
que en las novelas de Dick engaña y complota para poner en
jaque a los protagonistas. Ambos tipos de mujer están inspirados
en la experiencia personal de Dick, quien sufrió la crueldad
de unas pero también supo encontrar consuelo en la fresca
inocencia de otras.s.
Escenas
clave
Algunas
de las secuencias más significativas y emblemáticas
del filme, además de la utilización del término
"replicante", son mérito del guionista David Peoples,
quien desarrolló la parte detectivesca del relato a la vez
que trabajó sobre la faceta más "humana"
de los androides. Uno de estos picos dramáticos se produce
cuando Rachael concurre al departamento de Deckard y éste
la confronta rudamente con la verdad de su naturaleza, relatándole
anécdotas de su infancia que sólo ella podía
haber conocido.
El guionista y el director saben exactamente cómo tensar
la cuerda de la emoción creando un espacio íntimo
entre los protagonistas, súbitamente destruido por la infidencia
del policía, que echa sombras sobre la perfecta sugestión
de humanidad de que ha hecho gala Rachael hasta ese momento, toda
seguridad y autosuficiencia.
Cuando ella se derrumba la consternación se apodera del espectador,
y ésta es la primera identificación con los replicantes
a que nos induce el guión, no solamente haciéndonos
sentir pena por Rachael, sino trazando un paralelo con nuestra propia
psicología y sus muchas trampas en relación al pasado
y los recuerdos. La anécdota del huevo que se abre para que
la araña que lo ha puesto sea devorada por sus crías,
introducida por Deckard y completada expresivamente por Rachael,
es una maravillosa metáfora que hace referencia a ese temor
que alguna vez todos habremos experimentado, de que estalle el recipiente
de nuestro subconsciente (el huevo) y todos descubran nuestros secretos
(las crías), haciéndonos perder la identidad y llevándonos
a la destrucción (como la araña).
En esta notable escena Ridley Scott se luce como creador de atmósferas
íntimas y enrarecidas, así como conductor de intérpretes.
La música de Vangelis (el tema es Memories of green o "Memorias
de lo verde", incluido en el album de 1983 "Hasta luego",
en la recopilación de 1990 "Temas" y en la banda
de sonido oficial del filme, de 1994) acompaña magníficamente
con su original contrapunto entre un piano clásico y un fondo
de extraños sonidos electrónicos.
Las escenas de amor en el filme, al igual que la que acabamos de
citar, le deben mucho a Peoples y están profusamente trabajadas
en el campo de la psicología y las relaciones interpersonales,
describiendo una seducción primero circunstancial que luego
se vuelve violenta y posesiva, destinada tanto al placer como a
reafirmar la "realidad" de Rachael. Se trata de una extensa
secuencia que se inicia cuando la replicante acompaña a Deckard
a su departamento, luego de salvarlo del ataque de León.
Después de tomar una copa, Deckard se descubre el torso y
se lava las heridas mientras Rachael lo observa con ese extraño
fulgor en los ojos, propio de los androides. Ella quiere saber si
la perseguiría si escapara hacia el norte, y él sólo
le promete que no lo haría personalmente, pero otro sí.
Deckard se duerme antes de contestar su pregunta acerca de cuál
es su fecha de origen, y entonces Rachael se dedica a contemplar
la colección de fotografías familiares que hay en
el departamento, e interpreta unos melancólicos acordes en
el piano; acto seguido, transforma su apariencia soltando su vaporosa
mata de cabellos castaños. Este gesto tan simple y tan íntimo
está cargado de significado, además de estar bellamente
resuelto en una sucesión de planos del magnífico rostro
de Sean Young.
Por primera vez quizás, el personaje se aparta de los condicionamientos
que rigen su comportamiento (las costumbres, gestos e inhibiciones
de otra persona) para ser alguien completamente nuevo. La música
había despertado a Deckard, que se une a Rachael frente al
piano; ella le confiesa que cree haber recibido lecciones de música,
pero ignora si son sus recuerdos o los de la verdadera Rachael.
El la alienta diciéndole que toca hermosamente y la besa
en los labios, a lo cual la replicante reacciona huyendo hacia la
puerta, donde es alcanzada por el policía, que le cierra
el paso con violencia. La secuencia se cierra con un brusco juego
de seducción rematado por sugestiva elipsisis.
Los
replicantes representan la guerrilla y el inconformismo en un mundo
en disolución. A pesar de sus capacidades sobre-humanas,
su estrategia no es una completamente racional ni meditada: vuelven
a la Tierra cuando la inminencia de su caducidad se torna una amenaza
acuciante y comienzan a merodear los estratos inferiores de la estructura
de la Tyrell Corporation (acosando a Chew y a J.F. Sebastian), mientras
se asimilan a una vida urbana haciendo lo que mejor saben (Leon
como operario de desperdicios industriales, Zhora como seductora
en un club nocturno). Roy es quien conduce a los otros y los mantiene
unidos en pos de un objetivo: conseguir la prolongación de
su acotado tiempo vital. Dentro de esta pequeña comunidad
replicante, Roy es el gobierno y quien salvaguarda el bien común.
En un pricipio los replicantes no planean encontrarse con Tyrell,
su creador, lo cual tal vez sea una manera de negar la figura divina
por sentirse empequeñecidos ante ella, como también
lo ha hecho el hombre. Lo primero que buscan es información
a través de Chew y Sebastian, la cual les está vedada
(la medida fundamental de toda tiranía). Pero cuando la información
que pueden obtener les resulta insuficiente por estar concentrada
en la sola persona de Tyrell como divino soberano, el líder
de los replicantes acude a su presencia produciéndose una
confrontación repleta de simbolismo, entre creador y criatura.
El comportamiento de los androides expresa la dicotomía entre
su naturaleza sintética y su faceta espiritual. Lo que en
el computador Hal 9000 de 2001: Odisea del Espacio era un problema
de ética (su programación lo obligaba a mentir, lo
cual creaba un conflicto con sus principios puramente racionales),
en los replicantes es uno filosófico. La sugestión
de humanidad que les han infundido sus creadores los empuja a perseguir
la utopía de un espíritu y un alma humanos, lo cual
les exige una prueba de su realidad y substancia: los recuerdos.
Pero, ¿es ésta solamente una obsesión inducida
por sus implantes de memoria?.
Creo encontrar evidencias suficientes para pensar que no lo es.
Después de todo, si sólo somos un conglomerado de
material genético regido por los caprichos de la química,
entonces ¿qué es lo que nos hace ser humanos?. Philip
K. Dick sostiene que este rasgo distintivo es la empatía,
es decir la capacidad de preocuparnos por otras manifestaciones
vitales. Y siendo que los replicantes también prueban poseer
este atributo como lo dejan en claro su manera de protegerse unos
a otros y sus reacciones ante la muerte de un igual, ¿no
podrían también ellos proclamarse "humanos"?
Cuando Roy dice en su despedida "Todos estos momentos (los
que ha experimentado a lo largo de su corta pero intensa existencia)
se perderán como llanto en la lluvia", está delantando
su sentimiento de futilidad ante el misterio de lo no revelado y
lo insatisfecho, exactamente el mismo que anida en el espíritu
del hombre, un indicio de que ambas especies podrían situarse
en el mismo escalón evolutivo. Esto nos lleva a una nueva
comparción con el filme de Stanley Kubrick, ya que los temas
centrales de ambas películas se resumen en una sola palabra:
"evolución" (este término aparece inclusive
en la introducción de Blade Runner: "la evolución
de los robots a la generación Nexus 6").
A este respecto resultan esclarecedoras las palabras de Kubrick
al explicar sus motivos para realizar 2001: "(..) La imaginación
se desencadena libremente cuando se considera lo que podría
ser la evolución última de la inteligencia (..) Las
máquinas-inteligencias desempeñarán un primer
papel en el planeta, pues todas las experiencias que las criaturas
biológicas pueden conocer podrán también ser
vividas por las máquinas. Tendremos un mundo en el que las
máquinas serán más útiles que los hombres,
porque no estarán limitadas por sus experiencias personales,
sino que dispondrán de toda la experiencia que es posible
registrar."
Ontología
Después de haber discutido suficientemente acerca de los
componentes humanos en los replicantes, se me ocurre interesante
la posibilidad de intentar descubrir qué tenemos los humanos
de replicantes. Y me arriesgaría a decir que no es poco,
según lo demuestra la extensiva analogía trazada a
lo largo de la trama con los caracteres sintéticos, comenzando
por su apariencia física y composición orgánica
hasta sus similares búsquedas y obsesiones.
Pero la comparación de resultados más reveladores
surge de analizar los orígenes de ambas especies, proyectándonos
más allá de lo fenomenológico y atravesando
numerosas instancias de interpretación hasta llegar a la
más profunda, es decir la ontológica, el estudio del
ser mismo. Después de todo, y bajo esta nueva luz, el guiño
de un Deckard replicante no parece estar completamente fuera de
lugar, si es que entendemos las últimas implicancias de la
historia, en concordancia con algunos de los postulados filosóficos
y preguntas existenciales presentados en la obra de Philip K. Dick
que han sido trasladados al filme sino en su totalidad, al menos
en cantidad suficiente como para percatar al espectador de su dimensión
metafórica.
Tal como los replicantes, el hombre es traído al mundo por
una voluntad extraña, la de los progenitores (Roy llama a
Tyrell "padre"). Llegado a cierta edad, su inteligencia
le permite preguntarse acerca de lo que lo rodea creando vínculos
afectivos con su entorno: familiares, objetos, posesiones (en los
replicantes esto se canaliza a través de las fotografías),
y poco después algún accidente como la muerte de una
mascota (o la experiencia de ver a una criatura devorada por su
propia cría que recuerda Rachael) lo pondrá de cara
con los "hechos de la vida", como lo expresa Tyrell: la
indefectible muerte, a la que quizás nunca termine de aceptar,
y que los replicantes experimentan en carne propia.
Resulta sugestivo el hecho de que Rachael necesite remontarse a
su propia niñez para intentar probar su humanidad a Deckard.
Este período de la existencia repleto de nuevos territorios
que descubrir en un proceso muchas veces cruel, es la analogía
con que se presenta a los replicantes, quienes cronológicamente
podrían ser niños (cuatro años es su tope de
vida), aunque ellos nunca han pasado por las fases naturales del
crecimiento físico o psicológico, y en cambio han
sido "cargados" con todo un bagaje de experiencias ajenas.
Sin embargo siguen siendo infantes de alguna manera grotesca, y
hay numerosas situaciones que permiten sorprenderlos en gestos infantiles:
Leon discute con Holden la diferencia entre un "tortugo"
y una "tortuga"; Pris juega con una muñeca y Roy
somete a Deckard a una aterradora versión del juego de las
escondidas, además de confesarle a Tyrell sus faltas en medio
de mohines, cual si confesara sus travesuras a un adulto.
El hombre también suele conservar numerosos rasgos de comportamiento
infantiles, y de alguna forma también es "cargado"
de experiencia ajenas bajo la forma de prejuicios, costumbres, valores
morales y otros condicionamientos que se le imponen socialmente,
muchas veces contrariando sus tendencias naturales. Hay quienes
creen que los extremos del ciclo de la vida llegan a tocarse (pregúntenle
si no a Citizen Kane por el significado de Rosebud), por lo cual
los ancianos que se enfrentan a la cercana muerte lo hacen casi
con idéntica disposición de ánimo que la de
un niño: con temor, asombro e inquietudes primarias, relativizando
creencias de toda la vida; al igual que Roy, quien ya no puede tener
fe en su Creador y ha cambiado su creencia en sí mismo por
la creencia en el otro y en su valor.
El
ser humano, al igual que el replicante, es una creación,
o se siente la creación de un poder o entidad superior, una
creencia inherente a la mayoría de las religiones humanas.
Según ellas, esta entidad creadora se encuentra oculta en
su propia dimensión espiritual, pero al mismo tiempo penetra
todas las cosas, incluso el corazón humano, cuyas intenciones
es capaz de juzgar. Tyrell está lejos de conseguir esta omnipotencia,
aunque al igual que Dios puede disponer del destino de sus criaturas
porque conoce todo acerca de ellas y sabe cuándo lo han traicionado.
Sin embargo, hay algo que escapa a su juicio, y esto es la idea
de que él mismo pudiera ser el instrumento de otro Dios aún
mayor, y que por lo tanto también pudiera ser juzgado por
sus actos y condenado.
Una vez delatado Tyrell en su carácter de deidad falsa, humanos
y replicantes parecieran quedar en igualdad de condiciones, sabiéndose
sometidos ambos a los designios de otro poder mucho más vasto,
esquivo e inapresable, que bien podría ser una nueva ilusión
como los recuerdos falsos de los replicantes.
El conocimiento del mundo, su origen y del propio ser es el fin
máximo a que aspira el hombre a través de la filosofía.
En Blade Runner, quienes se lanzan a la búsqueda de este
conocimiento de manera más evidente son los replicantes,
al pretender encontrar un remedio para prolongar sus acotadas existencias,
el cual sólo puede ser conocido por quien los ha creado,
el Dr Tyrell. En el camino, estos seres irán teniendo su
propia experiencia del mundo y desarrollando sus propias emociones,
que es su manera de cimentar una individualidad.
La mayoría de ellos posee el conocimiento a priori de que
son seres artificiales, ya que su misma función en la sociedad
los caracteriza como tales -han sido creados para satisfacer diferentes
necesidades de los humanos, y para suplir a éstos en tareas
peligrosas o aburridas-. Otros, como Rachael, poseen un dispositivo
mental -los implantes de memoria- que les hace a vivir el engaño
de que son humanos, ya que recuerdan las vivencias de una persona
auténtica.
Del mismo modo que en Kant el conocimiento a priori conduce a la
noción de un Dios, en los replicantes "la marca del
fabricante" que llevan incorporada (representada por sus habilidades
especiales, y hasta quizá literalmente por una marca como
el número de serie de la serpiente de Zhora; recordemos además
que Chew reconoce "sus" ojos en los Nexus 6) les permite
tener la certeza a través de la sola razón, de que
existe un creador, Tyrell. Y como su conocimiento proviene directamente
de éste, ellos pueden compararse a los espíritus puros
o ángeles.
Por lo dicho anteriormente resulta bastante obvio que la búsqueda
de conocimiento de los replicantes coincide con la del racionalismo.
Pris inclusive, estando en el departamento de J.F. Sebastian, pronuncia
la máxima de Descartes, un filósofo racionalista:
"Pienso, luego existo", a continuación de lo cual
despliega sus "habilidades especiales" ante la mirada
atónita de Sebastian. La cita no es casual, ya que Descartes
consideraba al ser humano como una dualidad entre una materia regida
por leyes mecánicas (como los autómatas) y un alma.
Otra característica que acerca aún más a los
replicantes a un conocimiento racional y cierto es su inexperiencia
emocional, siendo que casi todos los sistemas filosóficos
entienden que para llegar a este tipo de conocimiento es imperativo
dejar de lado las manifestaciones de los sentidos, los cuales en
la novela de PKD están muy limitados para estas criaturas.
Finalmente el conocimiento de los replicantes implica una rebelión
contra el plan del creador. En oposición a esta identificación
de los replicantes con un racionalismo que desemboca en el campo
de lo espiritual o metafísico, Tyrell se identifica con un
empirismo materialista que conduce a la destrucción y la
no-trascendencia.
Por
su parte, Deckard también va a salir al encuentro del conocimiento
de sí mismo, pero en su caso los resultados son bastante
más ambiguos, incluso si creemos que también él
es un replicante como lo sugiere el "corte del director",
siendo su engaño aún mayor que el sufrido por Rachael,
ya que él no tiene ninguna afinidad con los replicantes -por
lo menos inicialmente-, y de hecho su trabajo consiste en eliminarlos
sin compasión. Deckard tiene una idea oscura y vaga de sí
mismo, al igual que Rachael y la mayoría de las personas
corrientes. Ellos "conocen" del mismo modo que pueden
saber qué es amar, doler, ver o temer. A decir de los fenomenólogos,
todas éstas son actividades intencionales que tienden hacia
algo que que está fuera de nosotros, en el mundo que nos
rodea (esto se relaciona con la empatía de que carecen los
replicantes).
Pero en el mismo ser humano ésta es una advertencia bastante
vaga, y es función de la filosofía hacernos tomar
conciencia de esta actividad preconsciente. Ha sido la tarea de
la fenomenología y del existencialismo de Husserl, Heidegger
y Sartre, entre otros pensadores, explicar estas actividades humanas
básicas (*) con las que podemos identificar a Deckard y a
Rachael mientras que no son plenamente conscientes de sí
mismos.
El momento en que Deckard como ser humano más se aproxima
al auto-conocimiento, es cuando se le revela la verdadera naturaleza
de su adversario, y se produce por fin una corriente de empatía
entre ambos. La actitud del replicante Roy Batty de salvar la vida
de su oponente quedaría encuadrada dentro de la ley moral
de Kant, lo cual lo equipara a un humano. El conocimiento que recibe
Deckard por este medio es comparable a una revelación religiosa.
Curiosamente, y siguiendo los indicios presentes en el "corte
del director", el personaje de Gaff, con su ambigüedad
y enigmáticos origamis cumple en cierta forma con el papel
del filósofo que alguna vez desempeñó Sócrates
en sus conversaciones. Gaff es el encargado de abrir los ojos de
Deckard a la verdad, como solía hacerlo Sócrates con
su ocasional interlocutor.
Finalmente, el hecho de que la trama del filme sea la de un policial
encierra una metáfora acerca de la búsqueda de conocimiento
de la filosofía, donde puede haber diferentes versiones o
hipótesis sobre la solución de un enigma, y aunque
ésta nunca llegue a revelarse, sabemos que existe en alguna
parte. En ese preciso lugar es donde coinciden humanos y seres artificiales
con las mismas preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde
vengo? ¿Cuánto tiempo tengo?... Y esas preguntas nos
convierten, a la luz de nuestra íntima razón, en seres
tan extraños como los mismos replicantes.
(*) Antropología Filosófica (Philosophical Anthropology),
de J.F. Donceel.
Interpretaciones
Luego
de apreciar las sutiles y ambiguas divergencias y puntos de contacto
entre las dos diferentes ediciones de Blade Runner, arribamos a
un prematuro desenlace en el Corte del director, el cual nos proporciona
la prueba más acabada de que Ridley Scott había querido
un estilo mucho más parco y enigmático para su realización.
Fundamentalmente, se ha excluido el epílogo que mostraba
a Deckard y Rachael en su huida (un montaje encargado por la producción),
de manera que la última escena es la del ascensor cuyas puertas
se cierran llevando a la pareja a un incierto destino.
El desenlace de la versión comercial de 1982, en el que muchos
quisieron ver una imperdonable concesión hollywoodense, tiene
a mi criterio una enorme cuota de ironía y viene a redondear
de manera inmejorable el mensaje del filme. O por lo menos el mensaje
del filme que yo más prefiero.
Este final no hace más que llevar hasta sus últimas
consecuencias el desplazamiento psicológico que se manifiesta
a lo largo del relato, por el cual la decaída humanidad,
condenada por su propia voracidad, ha debido contentarse con las
versiones sintéticas de los recursos de su mundo, y aún
con la de sus propios congéneres, con quienes ha perdido
la capacidad de relacionarse porque está moralmente destruida,
se repliega hacia el espacio y ni siquiera tiene patrones culturales,
étnicos y raciales comunes que le permita agruparse en comunidades.
La consecuencia final de este desplazamiento sería abrazar
una vida enteramente sostenida en la ficción y el simulacro.
Como en Solaris, la novela de Stanislaw Lem y el filme de Andrei
Tarkovski, Blade Runner parte del concepto de humanoide como imagen
refractal de la psiquis humana (seres que comparten los recuerdos
de personas reales), que luego alcanza entidad propia (la capacidad
de experimentar emociones y formularse preguntas acerca del propósito
de su existir).
En el medio queda la duda de cuál el la verdad acerca de
estas criaturas, una pasmosa ambigüedad que hace de un desenlace
en apariencia simplista, algo tan inquietante: ¿es el final
del comienzo para una nueva especie de relación del hombre
con la máquina o acaso es el comienzo del fin para el primero
de ellos?

Había dicho que en Blade Runner se ha dado un caso excepcional
debido a la afortunada intervención de los productores, que
lejos de desvirtuar el trabajo de Ridley Scott, ha permitido que
todas las piezas de su creación caigan en su lugar con un
inesperado alcance.
Esta aportación representa una textura adicional, una segunda
piel donde la voz interior del protagonista revela una dimensión
introspectiva en la que se entremezclan la pesadilla y la ensoñación,
además de situar claramente el dilema moral que representa
su trabajo: destruir lo inhumano para convertirse en ello. No digo
que el filme no se sostenga sin este agregado porque su lenguaje
y sus atmósferas son apabullantes; se trata simplemente de
que el relato en off y el final "feliz" le sientan mucho
mejor.
La visión del policía como ser humano resume la actitud
ambigua del hombre hacia la tecnología: por un lado su afán
descubridor y afición por los artefactos, y por el otro su
anhelo de volver a las fuentes, a la naturaleza y las emociones
primitivas; puesto en otros términos, es el miedo a la deshumanización
expresado por el hombre frente a la elevación de la máquina
como ente pensante y dotado de voluntad, hecho a su imagen y semejanza.
Sin embargo, la paradoja de Blade Runner es que toda esta tecnología
ha evolucionado hacia lo que podríamos llamar su "humanización",
en tanto que su artífice, es decir el hombre, la ha ido perdiendo.
El tono cavernoso y deslucido de la voz en off, visto originalmente
como un defecto, subraya el contenido onírico de la historia,
dando la sensación de provenir de un plano diferente junto
a toda una gama de sutiles referencias auditivas con las que el
filme envuelve subliminalmente al espectador. Es aquí donde
las inquietantes deformaciones de la realidad inspiradas en los
universos de Philip K. Dick encuentran su mayor repercusión,
por ejemplo en la repetición de diálogos que no son
exactamente iguales a los originales (el de Holden con Leon, reproducido
mientras Deckard recorre el túnel rumbo a su departamento),
o en la anticipación de otros que se producirán más
adelante (como la referencia a la araña que se cuela en una
elipsis de la sesión de Voight Kampff).
Por supuesto, tampoco se puede dejar de lado en esta faceta del
relato la impresionante labor de Vangelis, cuya sugestiva música
"ambiental" para el filme lamentablemente no se ha incluido
en el cd de la banda original de sonido. Esta música expresa
con increíble versatilidad desde la influencia oriental en
la sociedad y los sonidos de la metrópolis, hasta la mezcla
de maravilla e inquietud que inspira en el ánimo el progreso
y la extraña amalgama biomecánica que denota la naturaleza
de los replicantes.
El recurso de las voces flotantes fue adoptado por posteriores realizaciones
como "El Elemento del Crimen", de Lars Von Trier; por
lo demás, esta voz sólo agrega datos circunstanciales
que no modifican el curso de la historia; sin embargo, al prescindirse
de ella quedan al margen la referencia a que la ex mujer de Deckard
solía llamarlo "sushi" (pescado frío), la
reacción íntima del policía frente al cadáver
de Zhora y su conmovedora reflexión final, luego de presenciar
la agonía de Roy.
El tan resistido desenlace también influenció las
secuencias escapistas de "Brazil", de Terry Gilliam.
Particularidades
Varias
particularidades hacen de Blade Runner un filme único dentro
del género de la ciencia ficción. Entre ellas se pueden
citar las siguientes:No es una película acerca de científicos
locos, ni de héroes indestructibles que salvan al mundo.
Tampoco plantea una lucha entre el bien y el mal representados por
dos fuerzas completamente fieles a esas consignas: La misión
del "buen" policía se pone en tela de juicio y
la búsqueda de los "malos" replicantes se ve reivindicada.A
diferencia de otras películas futuristas de temática
social como Metrópolis, Blade Runner no describe una revolución
de las masas, sino una del espíritu. Es así que el
protagonista, parte integrante del sistema represivo de la autoridad,
reconoce en sí la llama del inconformismo avivada por sus
emociones, que junto con la revelación final que representa
el extraño comportamiento del androide Roy Batty en la azotea,
lo llevan a rechazar a través de la huida todo un sistema
de valores falsos.Los androides (los replicantes pueden ser considerados
androides, aunque la palabra fue prohibida de manera expresa por
Ridley Scott) no tienen partes metálicas ni dispositivos
mecánicos, sino que son producto de la ingeniería
genética, y sólo sus ojos revelan cierto resplandor
ámbar o rojizo cuando están sometidos a una gran tensión
"emocional". Sin embargo, esta escasez de efectos no atenta
contra la credibilidad de la historia, ya que es el comportamiento
de cada una de estas criaturas lo que revela de manera inequívoca
su verdadero ser.Los efectos visuales, anteriores a la era digital
-afortunadamente- son otra muestra del genio y la imaginación
de Douglas Trumbull ("2001: Odisea del Espacio"), quien
nunca necesitó de las técnicas de animación
computada para lograr resultados perfectos. Los efectos de "El
Quinto Elemento", por citar un ejemplo reciente, son mucho
menos convincentes.Harrison Ford compone un personaje apático,
marginal, podríamos decir un antihéroe. Como si esto
fuera poco, se ve involucrado en una situación fetichista
con una mujer artificial. Claro que antes ha descubierto que ella
posee emociones...La ambientación no es de ningún
modo aséptica como algunos futurólogos imaginaron
el porvenir, sino que se basa en la cultura de la basura, así
como en la instalación definitiva de la moda "retro".
Estructuras de antiguos edificios conviven con inmensos complejos
de departamentos; autos antiguos con modernos vehículos voladores,
etc. En cuanto al vestuario, todo está permitido, desde los
tapados de piel estilo años '40 hasta los atuendos de materiales
sintéticos y ceñidos al cuerpo. El paso del tiempo
le está dando razón a esta concepción de un
futuro no tan limpio pero sí muy convincente.La opresión
del poder no se expresa de manera demasiado explícita como
suelen hacerlo una gran parte de los relatos de anticipación,
que probablemente hubieran echado mano al obvio recurso de embanderar
las instalaciones del departamento de policía con algún
tipo de insignias gigantescas (recordar el caso de "1984").
Aquí la descripción de los espaciosos ambientes como
congelados en el tiempo (superflua papelería y ventiladores
de techo incluidos), al igual que del aire amenazador del teniente
Bryant, del seguimiento implacable de Gaff y de las frecuentemente
avistadas y poco amigables patrullas policiales alcanzan para sugerir
un estado policial casi omnipotente.El vestuario de Ted Lapidus
es un dechado de elegancia y originalidad, muy a tono con los ambientes
de la historia, y está lejos de los lugares comunes y ridiculeces
a que nos tiene acostumbrados el cine de ciencia ficción.

Simbologías
Muchos
espectadores no se dan cuenta del a menudo extensivo nivel de signigficados
ocultos que escritores y directores introducen intencionalmente
en sus trabajos. Algunas veces el resultado pretende ser serio;
otras sólo representa un guiño juguetón dirigido
a los conocedores. Un buen ejemplo de esto último son las
imágenes de R2-D2 y de C3-PO, los robots de La Guerra de
Las Galaxias, que aparecen en un mural egipcio como fondo en Los
Cazadores del Arca Perdida (George Lucas dirigió la primera
y produjo la segunda película). Es probablemente mejor explorar
algunos pocos y "obvios" mensajes ocultos en Blade Runner.
El Corte del Director antes de comenzar a hurgar en asuntos más
arcanos.
Una de las escenas críticas del filme gira alrededor del
intento de Roy Batty por llegar a su creador, el Dr. Eldon Tyrell,
a través de J.F. Sebastian. Una partida de ajedrez entre
Batty y Tyrell pasa a ocupar el centro de la escena. El ajedrez
ha sido tradicionalmente el juego real de la vida -un conflicto
entre los poderes de la oscuridad y de la luz por la dominación
del mundo-. En un primer nivel, el juego representa las luchas intelectuales
de Batty y de Tyrell (primero sobre el tablero de ajedrez, y luego
mientras Tyrell trata de razonar con el replicante). En un segundo
nivel, la partida tiene ecos de las luchas de los replicantes (peones)
por obtener más vida y volverse humanos (convertirse en "reyes").
Los movimientos finales en el juego son particularmente instructivos.
Roy ataca (Reina a Alfil 6) con el espíritu del jugador bajo
la Voluntad. Tyrell quita (Caballo toma a la Reina) con una pieza
representativa del intelecto vacío de espíritu. Roy
finaliza el juego (Alfil a Rey 7) con un movimiento reafirmando
la primacía de lo espiritual por encima del campo físico.
Mientras sigue las pistas, Deckard hace que una fabricante de peces
artificiales examine la escama que ha encontrado en la bañera
de León. Las imágenes usadas como efectos especiales
son las de un brote de marihuana hembra.
El simbolismo de los ojos es rampante en todo el filme. Algunos
de los ejemplos más prominentes son: close up de un ojo durante
la secuencia de apertura; la importancia de los ojos en el test
Voight Kampff; la visita a al "Mundo de los ojos" de Chew,
donde tanto éste como León manipulan ojos; el intento
de los replicantes de matar a seres humanos hundiéndoles
los ojos; los ojos de la lechuza son mostrados en varias oportunidades;
Roy Batty juega con unos ojos de juguete encajados en anteojos cuando
está en lo de Sebastian; los ojos de Deckard y de los replicantes
fulguran; el Dr. Tyrell usa un par de anteojos trifocales que magnifican
sus ojos. En esta conexión resulta útil citar una
historia de E.T.A. Hoffman llamada "El Autómata".
En ella, un hombre se enamora de una autómata que toca el
piano. Luego de percatarse de su verdadera naturaleza, se suicida
lanzándose desde un edificio. Ya que fueron los ojos los
que la delataron, el hombre grita "qué bellos ojos"
justo antes de saltar. Las correspondencias aquí con Rachael
(una replicante que toca el piano) y Deckard (se enamora de Rachael,
intenta un salto casi suicida del edificio de Sebastian) son inconfundibles.
Cuando
Gaff "arresta" a Deckard en un puesto de venta de "sushi"
en el comienzo, hay mucho más en juego que una comida interrumpida.
El acontecimiento marca la transición entre un sedado retiro
(recuérdese que el replicante muerto es el que ha sido "retirado")
a una frenética lucha entre la vida y la muerte o alternativamente,
su despertar de la oscuridad de la ignorancia a la luz del conocimiento.
Es más que una coincidencia que deba estar comiendo pescado
en este momento decisivo: el pescado es la comida sacramental de
muchas religiones basadas en un Misterio (por ejemplo la Ultima
Cena, la comida Sabática Hebrea, y numerosas fiestas de los
muertos). Universalmente, repartir el pescado es renovar o sustentar
simbólicamente la vida.
Pris, la replicante prostituta, tiene fecha de inicio (nacimiento)
el 14 de Febrero, día de San Valentín.
La
repetida aparición del número 23 como parte integral
de números importantes que aparecen en el transcurso del
filme es una de las primeras irregularidades que atrajeron mi atención.
Robert Anton Wilson (1988) ha comentado extensamente la "sincronicidad
del 23" y sus significados aparentes. En el corte del director
de Blade Runner este número es citado desordenadamente gran
cantidad de veces. Algunos ejemplos son: los replicantes renegados
matan a 23 personas en la nave secuestrada, el spinner de la policía
de Los Angeles es número 995 (9+9+5=23), el teléfono
de Rachael es 555-7583 (7+7+5+3= 23), el número de licencia
de Deckard, B26354 (2+2+6+3+5+4=22), y el del departamento de Sebastian,
(46751) (4+67+5+1=23). El número 23 es representativo del
hombre emprendiendo la Gran Tarea -el Matrimonio Místico
de los Cabalistas-, o unión con la cabeza de Dios. El primero
abandona sus comodidades y luego el mundo en su totalidad. No hay
vuelta atrás para alguien que ha iniciado este camino que
es claramente representativo del camino de Deckard y el de otros
replicantes.
Con suerte, estos ejemplos serán suficientes para mostrar
que una considerable cantidad de material oculto subyace bajo la
superficie de Blade Runner.
Después
de reconocer las instancias precedentes de significados ocultos
en Blade Runner. El Corte del Director, decidí emprender
un cuidadoso estudio de cada uno de los caracteres en la película.
Mi esperanza era que esto ayudaría a esclarecer numerosos
asuntos de la trama y sus interpretaciones. Además de confiar
en el tradicional simbolismo de las criaturas de la naturaleza y
objetos atribuidos a los caracteres a lo largo de la historia, también
realicé Gematria sobre cada uno de sus nombres. Gematria
es una de las tres partes de la Cábala literal Judía.
Es un proceso exegético basado en valores numerales relativos:
palabras y frases de valor numérico similar son consideradas
explicativas unas de otras. Como un proceso en potencia altamente
subjetivo, puede ser una herramienta un tanto arriesgada para emplear
en la interpretación.
Israel Regardie, un eminente estudioso del ocultismo ha escrito
que "..la Gematria será percibida tanto como cosas sin
sentido descritas de la manera más grotesca, o despertará
una especie de simulacro del estado místico original experimentado
por el que la usa". Con el objeto de minimizar la subjetividad
involucrada, previamente al análisis propiamente dicho de
cada nombre fueron adoptadas reglas de cálculo.
El proceso resultó bastante simple: los nombres fueron traducidos
a sus equivalentes en hebreo, valores numéricos standard
fueron substituidos por letras y sumados, y luego se consultó
un libro de correspondencias (en este caso "Sepher Sephiroth
in Regardie" [ed.], 1986). En favor de la brevedad, las interpretaciones
de más abajo sólo muestran una forma abreviada del
proceso exegético. Aquellos que deseen verificar mis interpretaciones
pueden hacerlo con la información a la mano.
Por supuesto, antes de continuar debería proveer algún
razonamiento como por ejemplo por qué es razonable analizar
una película realizada en 1982 con una antigua práctica
mística hebrea. La respuesta es bastante simple: la mayoría
de los nombres de personajes y temas esenciales han sido tomados
directamente de la novela de Philip K. Dick "¿Sueñan
los Androides con Ovejas Eléctricas?" (1968), y es conocido
que Dick incorporaba sistemas místicos a algunos de sus trabajos;
aún una visión rápida del filme revela un gran
número de temas bíblicos (ver "El Hilo Místico"
más abajo).
La novela ganadora del premio Hugo de Dick, "Un Hombre en el
Castillo" (1962) estaba enteramente tramada consultando el
I Ching y "Ubik" (1969) gira alrededor del Bardo Thodol
del Libro Tibetano de los Muertos. En cartas privadas, Dick ha escrito
que hacia 1966 había recogido un "filón de material
teológico" de su amistad con el Obisco Episcopal de
San Francisco Pike (quien fue eventualmente despojado de su oficina
debido a sus viajes demasiado públicos a los campos del misticismo).
Las últimas palabras de Dick: "Valis" (1981), "La
Transmigración de Timothy Archer" (1982) y "Radio
Libre Albemuth" (1985) fueron directas exploraciones religioso-místicas
publicadas bajo el disfraz de la ciencia ficción. No sería
sorprendente que otras novelas de P. K. Dick produjeran afinidades
místicas luego de una inspección cercana.
Correspondencias de caracteres:
Roy Batty: El caracter de Roy Batty es tanto el más trágico
como el más inspirador de Blade Runner. El es Lucifer (como
angel destructor) y Cristo (como salvador crucificado de su enemigo,
Deckard). Su fecha de inicio es el 8 de Enero -dentro de las variaciones
del calendario para la Fiesta de la Epifanía (del griego
epiphanos, el emerger de la deidad), otro lazo con Cristo. Sin embargo,
como Lucifer se rebela en contra del orden y conduce a sus ángeles
caídos (los otros replicantes) en una guerra contra el Cielo.
De hecho, Roy asciende exitosamente a los cielos y confronta, condena
y destruye a su Creador (Tyrell). Pero ni siquiera esto puede salvar
a Batty y a sus amigos replicantes que han estado bajo una inalterable
sentencia de muerte desde su nacimiento. Una exégesis de
Roy Batty (RY BTTY = 200/20, 220) significa los gigantes bíblicos
conocidos como Nephilim, quienes eran superhombres (Cuando poníamos
nuestros ojos en los Nephilims no nos sentíamos más
grandes que saltamontes; y así es como debíamos de
haberles parecido a ellos. [Num. xiii 33]).
Roy es asociado con diversos animales a lo largo de la película.
Mientras interroga a Chew, una figura iluminada de apariencia de
águila puede ser vista brevemente detrás suyo. El
águila es una atribución tradicional de fuerza y poder.
Luego, cuando Roy persigue a Deckard por las ruinas del edificio
de departamentos de Sebastian, aúlla varias veces como un
lobo. El lobo representa a la Tierra, y a espíritus devoradores,
persecutores. En la mitología celta, un lobo se traga el
sol por las noches (como Batty ha destruido a Tyrell). Antes de
salvar la vida de Deckard, Roy adopta una paloma blanca como su
atribución animal última. Las palomas representan
el amor, la paz, la luz y la vida espiritual, especialmente cuando
se pasa de un estado de existencia a otro. Incidentalmente, el fondo
sobre la escena de la muerte de Roy es un enorme cartel luminoso
de TDK Corporation (TDK = 33 = dolor, lágrimas, duelo).
Bryant:
el inspector de policía Bryant aparenta no portar una especial
significación en el filme más allá de lo que
vemos en la pantalla. Una exégesis de su nombre (BRYNT =
271) significa que es bajo y cruel, ciertamente una adecuada descripción
del inspector.
Chew:
El diseñador genético de ojos Chew es uno de los científicos
de la Tyrell Corporation que forma una trinidad de poderes naturales.
Chew is un eremita que habita el campo del hielo - su laboratorio
criogénico. Una exégesis de su nombre (CHV = 14) significa
la interacción de la Divina Voluntad con la materia, o su
rol como creador de ojos.
Deckard:
Una exégesis de su nombre (DKRD = 228) significa el Primer
nacido (Adán) y un regidor de la Tierra. Es vinculado al
Dr. Tyrell (ver más abajo) por su posesión de un árbol
bonsai siempreverde que simboliza la vida eterna. Está bastante
claro por las pista en Blade Runner. El Corte.. que Deckard es un
replicante. La pieza de evidencia crucial que lo confirma es la
figura origami del unicornio que Gaff deja fuera del departamento
de Deckard en el final de la película. Deckard también
es relacionado a Sebastian por la posesión compartida de
un unicornio (ver más abajo). En esta instancia, el unicornio
representa virtud, incorruptibilidad, poder y fortaleza.
El unicornio es también un guardián del Arbol de la
Vida. Gaff sólo puede haber sabido del sueño del unicornio
de Deckard mediante el acceso a su mente, por lo tanto Deckard debe
ser un replicante con implantes de memoria. El unicornio se manifiesta
a sí mismo desde el campo de los sueños hacia el mundo
material. Similarmente, Deckard ha sido transformado de un destructor
de la vida en su guardián, y de humano en replicante (sin
embargo, ¿hay realmente alguna diferencia?). Esto es apoyado
por la exégesis del número del departamento de Deckard
(9732): éste simboliza el lugar donde se unen los mundos
arquetípicos y formativos -por ejemplo, el descubrimiento
de Deckard de su verdadera naturaleza-.
Gaff:
Gaff es una oscura figura que pasa todo su tiempo siguiendo a Deckard
durante su caza de los replicantes. Una exégesis de su nombre
(GPHPH = 173) significa "ilumina mis ojos" - una precisa
descripción considerando su rol pivotal en iluminar a Deckard
vía la figura origami del unicornio.
Holden:
Holden es baleado por León en la secuencia de apertura de
Blade Runner. Es puesto en una máquina resucitadora y nunca
se lo vuelve a ver. Una exégesis de su nombre (HLDN = 89)
significa "cuerpo" y "silencio."
León
Kowalski: La atribución animal de León es la tortuga
que representa el sostén del mundo, la Tierra y la base de
cualquier materia. Las tortugas están relacionadas también
a las regiones del norte. Una exégesis de su nombre (LN KWLSKY
= 80/146, 226) significa el Mundo y el Norte. León es el
replicante "hombre común".
Taffey
Lewis: Una exégesis de su nombre (TPHPHY LVS = 580/336, 916)
apropiadamente decribe su nightclub, The Snake Pit (El foso de la
serpiente), como el lugar de depravación donde ocurre un
ataque. El gusano que Deckard halla en su trago encarna la muerte
y la disolución que yace bajo la superficie del resplandeciente
exterior del nightclub. Las velas dispuestas en todo el lugar representan
lo incierto de la vida al ser fácilmente extinguibles y formar
un vínculo simbólico con las del dormitorio de Tyrell
(ver más abajo).
Pris:
Cuando Pris encuentra por primera vez a J.F. Sebastian, ella está
enmarcada por luces callejeras que recuerdan a ojos de gato. Mientras
la escena llega a su fin, la replicante mira maliciosamente a las
espaldas de Sebastian mientras maullidos gatunos sintetizados resuenan
en la noche. Tradicionalmente, el gato ha representado la cautela,
la maldad, la oscuridad, los poderes de la luna y la variable naturaleza.
Todos estos aspectos caracterizan el papel de Pris en tenderles
la trampa a Sebastian y a Tyrell para que sean asesinados.
A Pris le ha sido dada a menudo la atribución del mapache
debido a su maquillaje; sin embargo, sus ojos oscurecidos, su complexión
pálida y sus llamativos labios rojos son también las
marcas históricas de las prostitutas. Una exégesis
de su nombre (PRS = 580) significa depravación, particularmente
el chivo expiatorio cargado con los pecados de los judíos
y luego desterrado ("el animal cargará todas sus iniquidades
sobre él hasta algún terreno yermo, donde el hombre
lo liberará, allá en lo inhóspito". [Levit.
xvi 22]).
Rachael:
Una exégesis de su nombre (RChL = 238 ~ 76) significa el
esclavo secreto, un reconocimiento al status de Rachael en el inicio
del filme. Su atribución natural primaria es la araña,
con cuyo conocimiento Deckard prueba a Rachael que ella es un replicante.
La araña es la Gran Madre en sus aspectos como tejedora del
destino y generatriz que teje la red de la realidad fuera de su
propia substancia. Rachael ciertamente puede ser considerada como
la tejedora del destino de Deckard. Como la Gran Madre, Rachael
también es Eva. Sus atribuciones secundarias surgen durante
el test Voight Kampff realizado por Deckard: ternero, mariposa,
avispa, mujer desnuda, ostra y perro. Estas se combinan para significar
un intachable y casto pero fértil perfil psicológico
femenino (ejemplo, el rol de Rachael como la forma experimental
y de transición de replicante que es difícilmente
distinguible de un ser humano "real".
J.F.
Sebastian: Sebastian es otro de los científicos de la Tyrell
Corporation que forma una trinidad de poderes naturales; es el eremita
que habita el campo del agua ("goteante" es una definición
que le queda chica a su edificio de depatamentos). Una exégesis
de su nombre (YPH SBSTYN = 95/841, 936) significa el lisiado que
crea una multitud. Esto se refiere tanto a su afflicción
con la progeria y a su rol como diseñador genético.
Las atribuciones animales de Sebastian son los roedores (ratas son
vistas por docenas a su alrededor en su departamento), el osezno
(un oso en uniforme militar lo saluda cuando trae a Pris a su vivienda),
el avestruz (entre sus juguetes), y el unicornio (También
entre sus juguetes).
El roedor representa hipocresía y duplicidad, señalando
el rol de Sebastian en traicionar al Dr. Tyrell. En el Cristianismo,
los oseznos son emblemáticos de seres amorfos, una justa
descripción de Sebastian, quien es humano pero sufre del
mismo destino (una expectativa de vida acortada basada en al genética).
El unicornio representa la docilidad de Sebastian. The avestruz
significa su rol como destructor, que combinado con una exégesis
de su número de pase en la Tyrell Corporation (1 + 6 + 4
+ 1 + 7 = 19, "un enemigo") reafirma en papel de Sebastian
en la muerte deTyrell.

Dr.
Eldon Tyrell: El Dr. Tyrell es la cúspide de apariencia eremita
de la trinidad de poderes naturales de la Tyrell Corporation - un
Dios sol viviente. El habita un zigurat (*) dorado que empequeñece
todos los edificios vecinos de Los Angeles. En la tradición
sumeria, el zigurat representa a la Montaña Sagrada, el lugar
habitado por la Divinidad, y el eje cósmico. La única
vez que vemos el sol y las estrellas es desde de la ubicación
privilegiada del edificio de la Tyrell Corporation.
Por la noche, Tyrell reposa en una cama rodeada de 46 velas (la
luz de la perfección y, a través de la exégesis,
uno de los nombres sagrados de Dios). La cabecera está decorada
con un motivo de grullas blancas -simbólicas de una elevada
posición, inmortalidad y un intermediario entre el cielo
y la tierra. Las atribuciones animales de Tyrell son la lechuza
(sabiduría, soledad; obscuridad, muerte) y el águila
(poder, autoridad). Interesantemente, también posee varias
atribuciones de plantas: dos arboles bonsai de siempreverde (vida
eterna) vistos en la mesa de la oficina cuando Deckard arriba por
primera vez a la Tyrell Corp. y una planta perecedera (el principio
de la vida, en toda su manifestación) en la esquina izquierda
de la oficina.
Todo lo que rodea a Tyrell -los árboles, la lechuza, Rachael,
el mismo edificio ue habita- son manifestaciones artificiales que
provienen directamente de su voluntad. Una exégesis de su
nombre (LDN TYRLL = 84/279, 363 significa lo todopoderoso y duradero,
pero falso, un Creador que habita una ciudad. Como el Creador es
falso, también lo son sus creaciones (los replicantes). El
es el garantizador de la vida y de la muerte. Todos los que desean
verlo deben ascender por una escalera dorada (zigurat) y solicitar
una audiencia en su recámara. Así como el nightclub
de Taffey Lewis es un lugar de decadencia física, el dormitorio
de Tyrell es un lugar de desolación espiritual (ver comentarios
anteriores acerca del juego de ajedrez).
Zhora:
Una exégesis de su nombre (ZHR = 212) significa una ramera.
Mientras es cierto que Zhora está programada para cometer
asesinatos políticos, su ocupación en BR es la de
una bailarina exótica en un club nocturno para adultos (la
voz que anuncia su acto en "The Snake Pit": "Obsérvenla
tomar los placeres de la serpiente que una vez corrompió
al hombre"). De hecho, su acto es presentado como "La
Señorita Salomé y Su Serpiente"- una abierta
referencia a la mortífera bailarina de la serpiente de la
leyenda hebrea. Como atribución animal de Zhora, la serpiente
representa muerte, maldad, pecado y pasión sexual. Las serpientes
acompañan a numerosas deidades femeninas y con frecuencia
se aparecen en pares a su alrededor simbolizando la unión
sexual.
Muchos observadores han señalado que hay numerosas parejas
en la película: Deckard y Rachael, Pris y Roy, y León
y Zhora. Una exégesis los nombres de cada pareja producen
interesantes resultados. Deckard y Rachael (228/76, 304) signican
oro o iluminación, incorruptibilidad, y sacritud - una forma
de los dioses.
Pris y Roy (580/220, 800) signican el arco iris - una transfiguración
o el puente entre un mundo y otro.
León y Zhora (226/212, 438) signican la piedra baetylic de
Jacob - un lugar de encuentro entre el cielo y la tierra ("Construid
el altar del Señor vuestro Dios con bloques de piedra desnuda,
y ofrézcanle ofrendas íntegras sobre él al
Señor Vuestro Dios". [Deut. xxvii 6]). Por lo tanto,
cada una de las parejas encarna un objeto perfecto que conecta el
mundo de los humanos con el campo de lo trascendental.
Una exégesis de la suma de los nombres de todos los replicantes
(incluyendo a Deckard) significa el aceite de Unción ("...
extrajeron numerosos demonios, y ungieron a numerosos enfermos con
aceite y los curaron"). [Mk 6, 13]). Así como este aceite
infunde nueva vida divina a quienes lo reciben, también los
replicantes con su existencia y esclavitud sirven como potencial
curación a una sociedad que ha perdido contacto con su capacidad
de empatizar.
El
Hilo Mundano:
Blade Runner. El Corte del Director consiste en dos hilos temáticos
cercanamente relacionados: un hilo primario o mundano que es la
historia detectivesca futurista que se desarrolla sobre la pantalla,
y un hilo secundario o mítico que recrea dramas cósmicos
pre-Cristianos. Para que la coherencia de pensamiento sea mantenida,
estas dos facetas deben ser examinadas como items separados.
El tema del hilo mundano de BR es que las vidas de los humanoides
sí importa: la barrera física entre los humanos es
tanto artificial como de piel (como Deckard se percata al practicarle
el Voight Kampff a Rachael y luego cuando él mismo cruza
esa barrera). La separación existencial entre humanos y replicantes
es de la misma manera una maquinación que les permite a los
amos conservar su poder sobre sus esclavos sin tener el inconveniente
de los escrúpulos morales. Mucho tiempo, energía y
tinta han sido gastados en debates acerca de cuál es a trama
"real" en el corazón de la temática mundana
de BR. Mucho de esto requiere tomar en cuenta detalles del proceso
de filmación y de post-producción que son claramente
inadmisibles si el filme va a ser examinado como una narración.
El
Hilo místico:
Como el estudio previo de los caracteres ha demostrado, numerosas
leyendas antiguas son revisitadas en BR. Roy Batty es Lucifer, el
portador de la Luz, encarnado en toda su iracunda, destructiva gloria
solar. Los otros tres replicantes (Pris, Zhora, and León
Kowalski) son los ángeles caídos menores. Debe recordarse
que aunque Lucifer y los ángeles rebeldes fueron arrojados
a la oscuridad, también eran parte de la creación
original y aún son seres de luz.
En BR, la única motivación de los replicantes es ascender
a los cielos y conseguir que su Creador arregle su creación
imperfecta (conseguir acceso a Tyrell y a vidas más largas).
Ellos comienzan corrompiendo al séquito de Tyrell (Chew y
Sebastian) y luego destruyéndolos. Sólo Roy tiene
éxito en conocer al Creador, pero su esfuerzo es inútil.
Aquél no puede, o no quiere deshacer algunos de sus "errores"
pasados. Roy destruye a Tyrell en un arranque de ira incontrolable
ante su última hipocresía. Ni siquiera esta medida
extrema puede alterar el destino y Roy se da cuenta de que ha desperdiciado
sus últimos días destruyendo lo que él atesora
con tanta devoción: la vida. En un esfuerzo final, Roy es
capaz de lanzarse desde la oscuridad y revelar su cuerpo de luz
original como Cristo, cuando salva a Deckard de una muerte segura.
Roy ha trascendido todas las limitaciones y logrado llevar a cabo
la Gran Tarea dándose cuenta de que mientras la muerte es
el último horizonte de todo, él aún puede negar
sus intereses egoístas con el objeto de hacer una profunda
diferencia afirmando la vida (Quienquiera que desee salvar su vida
la perderá; pero el que de su vida por mí la salvará.
[Lk 9, 24]).
Es instructivo notar el siguiente y aparente error de continuidad
en BR: cuando Roy Batty y Deckard se encuentran en el enfrentamiento
decisivo, Roy conoce el nombre de Deckard a pesar de que nunca se
han visto antes. En el contexto del mito de Lucifer y de los análisis
previos de los caracteres, esto cobra perfecto sentido. Después
de todo fue el "pecado de orgullo" (negarse a reverenciar
a Adán [hombre] como amo de la Tierra) el que hizo que Lucifer
y los ángeles rebeldes fueran echados del cielo en primer
lugar. ¡Por supuesto que Roy (Lucifer) debería reconocer
a Deckard (Adán, gobernador de la Tierra)!
Los paralelos entre la Caída de Hombre y los eventos que
rodean a Deckard y a Rachael no podrían ser más claros.
Tanto Deckard (Adán) como Rachael (Eva) comen poco juiciosamente
el fruto prohibido del Arbol de la Sabiduría (descubren que
son replicantes) y entonces deben abandonar el Jardín del
Edén (una vida de previamente bendecida de ignorancia en
la ciudad). Los simbolismos naturales y las exégesis que
apoyan esta interpretación son innegables. De manera más
que interesante, pareciera que Gaff desempeña el rol de la
serpiente (el Diablo, Lucifer) en esta nueva puesta en escena del
mito. El tanto le proporciona indirectamente conocimiento a Rachael
(conduciendo a Deckard a la Tyrell Corporation para que le haga
el test), como suministrándole directamente conocimiento
a Deckard acerca de su status como replicante (a través de
la figura de origami del unicornio). Si recuerdan la exégesis
del nombre de Gaff, éste significa "El iluminador"
(como Lucifer, el portador de la Luz).
¿Pero,
Qué Significa Todo Esto?
Habiéndolos
llevado por un desaforado paseo en coche por los extraños,
penumbrosos territorios del mito y del misticismo, temo que ustedes,
gentiles lectores, ahora esperen que revele una rápida y
elegante conclusión de dimensiones cósmicas. ¡Miren
de cerca!. No poseo ningún sombrero alto de donde extraer
el proverbial conejo. He dispuesto antes una mesa repleta de porcelana
dorada y cristalería barroca -¿y ahora desean que
remueva el mantel de una audaz tirón?. Les ruego me disculpen,
debo declinar la propuesta. A veces me convenzo de que todo el simbolismo
de más arriba fue sembrado intencionalmente en Blade Runner.
El Corte del Director por una cábala iniciada por Philip
K. Dick y concluida por unos misteriosos asistentes quienes pusieron
sus manos en el guión del rodaje mientras nadie estaba mirando.
Luego, en momentos de mayor escepticismo, veo todo el asunto como
un mero punto de reunión sinergético entre mi mente
y la oscura visión de Ridley Scott sobre un futuro posible.
Lo que está claro, sin embargo, es la respuesta a las tres
preguntas planteadas en el filme: "Quién soy?, ¿Por
qué estoy aquí?, y ¿Qué significa ser
humanos?. Roy Batty, en sus momentos de agonía nos enseña
cómo ser "más humanos que lo humano" de
la mejor manera que existe.
Guión de Hampton Fancher (1980)
Diferencias:
Son 6 los replicantes: Roy, Zhora, Pris, Leon, Mary y otro que es
destruido al intentar traspasar los dominios de la Tyrell Corporation.
Deckard es sometido a un test de aptitud para el trabajo que lo
lleva por un viaje virtual a altas velocidades por un recorrido
repleto de peligros donde aparecen por primera vez imágenes
relativas a su nostalgia por la naturaleza: bosques helados y un
cielo límpido que distraen su atención de la prueba.
Al eliminarse del corte de Ridley Scott el viejo desenlace donde
Deckard y Rachael huyen sobrevolando en su vehículo los bosques
del norte, desaparece toda alusión directa al paisaje mental
creado por Philip K. Dick como válvula de escape del protagonista.
Tyrell ofrece a Deckard que se lleve a Rachael como asistente en
su trabajo, cosa que éste declina aceptar. Rachael sabe que
es un replicante antes de ir a ver al policía en su departamento,
y su caracterización es mucho más dura que la versión
definitiva
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